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domingo, 30 de junio de 2024

MIENTRAS AGONIZO

 



Mientras agonizo - Faulkner, William - 978-84-339-7320-7 - Editorial  Anagrama

Mientras agonizo
William Faulkner
    
    Cada vez que encuentro una obra de Faulkner en cualquier tienda de segunda mano, mercadillo, o me la dan entre un puñado de libros viejos que nadie tiene el valor de tirar a la basura, por decoro, la cojo con cariño y la hojeo con avidez. Tal vez porque, en su momento, quedé gratamente impresionado por El ruido y la furia o Luz de agosto. Incluso, en estos días, estoy terminando Gambito de caballo que, por supuesto, también me está pareciendo interesante. Y es que el mundo de Faulkner, que a veces es cinematográfico y, otras, realmente rural, hasta los extremos, es el mundo de lo que hemos dado en llamar la "América profunda", que podemos leer en Steinbeck o en Gore Vidal, aunque desde los extremos de la urbanidad. 
    Todos esos libros de Löwry, de Kerouac, Ginsberg o Miller nos ofrecen una visión muy particular del universo norteamericano, que a mí me fascina particularmente. Y, en el caso de Faulkner, hay algo del tremendismo (salvando mucho las distancias) de Cela en Mazurca para dos muertos o de Onetti, en El astillero. Porque, como este último, Faulkner construye su propia Santa María, cuyo nombre no me atrevo a reproducir aquí por su dificultad, en la que los hombres giran en torno a la muerte, el deseo, la tierra y el azar, como un destino inviolable.
    Hay mucho de tragedia griega en Faulkner, pero imbuida de una pausa, de una lentitud inusitada, como si el mundo girase de todos modos, le pese a quien le pese, centrifugando todo lo que lleva en su interior.
    Si bien la técnica narrativa de este libro no corresponde a la modernidad de The sound and the fury, es evidente que su manejo de la palabra es el magisterio de toda una generación. Faulkner es a la literatura lo que Tchaikovsky a la música: un referente imprescindible que flota alrededor de los Joyce, Kafka, Proust, Cervantes, etc., sin desmerecer a ninguno de ellos. De hecho, mucho de lo ganado en los narradores del siglo XX y XI le pertenece. No digo más.
Un abrazo.

lunes, 29 de abril de 2024

HERMOSOS Y MALDITOS

 

Hermosos y malditos. | Sinopsis del libro | | 

 

Hermosos y malditos
F. S. Fitzgerald

    Algunos escritores ponen su foco en segmentos de la sociedad que, de una manera u otra, permanecen alejados de la opinión pública, al menos en el sentido que normaliza a cualquier grupo humano más allá del estereotipo. La desmitificación de la clase media española, la burguesía de la Gloriosa, por parte de Benito Pérez Galdós, tras un tiempo de adhesión ideológica, es una muestra muy evidente.

    Fitzgerald es un autor refinado, como lo son los personajes que retrata. Aunque, en cierta manera, como decimos, los impregna de una vulgaridad humanizadora. Esto lo consigue a base de ir dejando caer los sentimientos, las relaciones, de amanerar los principios o de restañar las dudas. A través de su prisma obtenemos un conjunto muy revelador de contradicciones, de expresiones de adversidad, desenmascarando las realidades de un mundo de apariencias y tensiones.

    No se escapa la literatura de este gran autor, hoy no tan popular desgraciadamente, de ese cinismo humorístico que rodea a todo artista auténtico. Su lenguaje, su estilo y su meditada calma reposan sobre la acidez innata que encontramos en otros autores contemporáneos norteamericanos, muy celebrados por todos.

    Por todo ello, resulta gratificante, estimulante y divertido, a la vez, leer a Fitzgerald y esta novela, más allá de Tender is the night o The Great Gatsby, consigue atraparnos en los amores de Anthony y Gloria, que son como el molde necesario sobre el que giran las emociones de sus seres creados. A lo largo de su novelística, el amor es el centro y eje de todas las desgracias y sinsabores de la clase acomodada norteamericana de principios de siglo. Un retrato descarnado aunque, a la vez, elegante, de toda una época.

Imprescindible. Un abrazo.

 

domingo, 21 de enero de 2024

UNA MUJER DIFÍCIL

  

 

Una mujer difícil
JOHN IRVING

    La narración es un arte que consiste en transmitir emociones, ideas, sensaciones, vivencias y cuanto tenga que ver con el género humano a través de la construcción de estructuras lingüísticas que, más allá, de lo que suponen técnicamente, aportan capas de significados, matices o imágenes, por nombrar algunos de los contenidos que pueden estar registrados en los intersticios de una escritura.
    El cerebro humano ha llegado, si se le entrena bien, a captar todos esos mensajes de una forma rápida, flexiva e interdisciplinar, por llamarlo pomposamente. Pero, por supuesto, para poder recibir y gozar ese tipo de mensajes hace falta un experimentado escritor que los transmita, vestidos del barniz expositivo de las palabras. 
    Irving, autor conocido pero distante en mis lecturas, propone en esta novela un auténtico paraíso de las emociones. Hay algo pausado en sus personajes que, no obstante, viven situaciones límite y fuerzan, emocionalmente, sus equilibrios mentales. De alguna manera, lo artificioso se convierte en natural cuando son los personajes los que moldean, a través de sus actitudes, las razones y las sinrazones. 
    El sexo, el mundo de la pareja, las consecuencias de una separación, la influencia del entorno y el contexto o el poder de la memoria son conceptos que este autor combina con excelente precisión en esta novela, que no ha dejado de sorprenderme. Eso y su inusual sentido del humor.
    Ha sido uno de esos descubrimientos que se esconde en los anaqueles de una tienda de segunda mano: una gozada.
    Resulta muy recomendable una obra que, por extensión y sustancia, conserva la intensidad y el pálpito de las grandes narraciones, aunque revestida de una modernidad y una cotidianidad que la hacen, aún, más atractiva.
    Un placer para los sentidos y la reflexión. Muy divertida.
Un abrazo.
 

lunes, 7 de agosto de 2023

NOVELAS POLICÍACAS

 


Antología de las mejores novelas policíacas
Varios autores (selección)


    Esta antigua colección en varios volúmenes, que no será difícil de adquirir en cualquier librería de viejo o de segunda mano, es una exquisitez a la que no se puede decir que no. Sin duda, un lector actual, y sobre todo los que tienen menos de veinte años, pondrá en duda la capacidad de estas tramas para emocionar desde el lado del miedo o el suspense. Sin embargo, los elementos que conforman estos autores clásicos, con estas pequeñas obras maestras, sentaron las bases de lo que hoy constituye el género de terror, misterio o intriga. Desde la poesía gótica de Poe hasta Maupassant, pasando por Chesterton o Agatha Christie, esta literatura remite a tiempos remotos, no tan lejanos en el tiempo aunque sí en la concepción social. 
    El miedo es universal. Disfrutamos de él cuando sabemos que no nos va a afectar directamente, pero podemos transigirlo hacia los personajes, que lo viven en primera persona por nosotros. Esta especie de catarsis colectiva tiene una simbología, unos diálogos y unos perfiles humanos muy concretos. Se nos hace creer que estos sucesos podrían ocurrir en cualquier casa, en cualquier ciudad, a cualquier persona, aunque el autor trampea la realidad, de algún modo, para construir su propio relato y edificar sus propias emociones. De todos modos, es bien sabido que la crueldad no tiene nombre propio, ni cama donde dormir, circunstancia que nos hace partícipes de estas historias en primera persona.
    Es una delicia, a pesar de lo mal que han envejecido algunas de estas historias, imbuirse del lenguaje de la época, de las características sociales, de las relaciones, de los códigos de conducta y los protocolos adquiridos. Todo parece lejano, es verdad, pero, en ocasiones, advertimos que, salvando las distancias históricas, podemos extrapolar lo leído a nuestro propio mundo. Eso hace que este tipo de relatos se nos vayan convirtiendo, con el paso de las páginas, en algo familiar.
    Todo buen lector habría de constituir su fundamento personal, sus conocimientos de base, sobre este tipo de lecturas imborrables que, con el paso de los años, así como el buen vino, adquieren un sabor especial, un valor inconfundible. Y esta selección, que animo a que vosotros la busquéis en vuestros lugares de residencia, es una de esas colecciones deliciosas que, por poco precio, se pueden disfrutar para toda la vida. 
Un abrazo.


viernes, 28 de julio de 2023

LUGARES NO RECOMENDABLES

 



Lugares no recomendables
James Fenton

    Di con este libro por casualidad en la tienda de segunda mano de Almería. Me gustó el título y la sinopsis tan sugerente, que apenas ojeé por encima, y me lo llevé. Me he entregado a su lectura durante los últimos cuatros días y el resultado ha sido muy bueno. He de decir que no suelo leer crónicas periodísticas, ni libros de viajes, aunque estos últimos me suelen gustar bastante. En este caso, se aglutinan los dos estilos y una pátina histórica que le da al libro un punto interesante.
    James Fenton vivió los años convulsos de Vietnam, Camboya, Filipinas o Corea, entre otros. Me refiero a los años finales del siglo XX, por supuesto, ya que la convulsión en algunos de esos lugares continúa y no tiene visos de mejorar. Las pequeñas anécdotas que trufan la narración cobran consistencia en el global del relato, ya que convierten unas memorias de trabajo en una fotografía en movimiento de un lugar en plena efervescencia. Como otros relatos de este tipo, observamos las miserias del ser humano, pero también las pequeñas grandezas que lo ennoblecen. Vislumbramos el horror, la desgracia ajena, la podredumbre moral, la muerte y, cómo no, la vida que se abre paso a empujones. 
    Todo es caótico, dinámico y destructivo. En medio del desorden, los personajes reales se solazan de diferentes formas y alcanzan a sonreír en ocasiones. Pero, en suma, es la crónica de la lucha por la vida en aquellas partes del planeta donde el contexto se ha vuelto infernal. El descontrol, la avaricia desmedida, la ceguera y la destrucción campan a sus anchas. Fenton no pierde ocasión de leer un buen libro, tener una buena conversación o vigilar lo que pasa a su alrededor, participando activamente en los hechos. 
    Este tipo de narraciones, desde la primera persona de un narrador-testigo, se convierte en una historia trepidante de malos sueños. Cualquier cosa que podamos imaginar se encuentra allí donde la realidad se hace presente en toda su crudeza.
    El estilo es sencillo, periodístico, informativo a veces, pero en él se vislumbra al sujeto que retiene en su memoria lo que ve. Es un relato agobiante pero al que el lector se acaba acostumbrando, como si nuestras botas se fuesen llenando de barro, página a página. Muy interesante.
Un abrazo.


martes, 25 de julio de 2023

EL PASADO SIMPLE

 


El pasado simple
Dris Chraibi


        Busqué esta obra encarecidamente, gracias a la recomendación de uno de nuestros alumnos de ATAL. Para quien no lo sepa, este tipo de alumnos reciben un programa de inmersión lingüística, y algunos ni siquiera saben decir "hola" en español. Sin embargo, el protagonista del que hablamos es un chico que ya se comunica abiertamente en nuestra lengua y que, en una exposición de su clase, utilizó esta obra como ejemplo de literatura marroquí.
        Reconozco que me pareció, desde el primer momento, una propuesta interesante. Seguramente porque no he leído casi nada de nuestro país vecino y necesito ampliar mis horizontes de conocimiento literario. También porque el legado de Chraibi en su país es seguido y estudiado, algo que me despierta cierta curiosidad, sobre todo teniendo en cuenta que su lenguaje es crítico y ácido. Esta obra incide abiertamente en las contradicciones del mundo islámico: su forma de perfilar la sociedad, el papel que concede a la mujer, el horizonte de futuro de la juventud islámica. Todo eso se aglutina en la figura de un joven contestatario, que rechaza las grandes líneas de su cultura materna y que invita a la reflexión. 
        Chraibi, que era científico de profesión y lo abandonó todo por una idea esperanzadora de la literatura, tal vez como un medio de salvación de sí mismo y del mundo, utiliza una forma de expresión directa, atenazadora, que provoca un cierto rechazo, inicialmente, pero que puede llegar a ser reveladora. Los paisajes humanos de esta novela, si es que pudiera llamarse así, constituyen una acuarela luminosa y realista, a pesar de los subterfugios culturalistas que usa. No se trata tanto de conocer el mundo islámico, sino de confrontar todo lo negativo que conlleva. Pero, no nos engañemos, Chraibi arrastra con él la hipocresía occidental, su fragilidad, la mentira de sus postulados liberales, su falsa creencia en la libertad del individuo, que está maquillada por otras ideas superiores que lo encarcelan. Este autor no puede disociar su educación occidental, su alta cultura tal y como la conocemos, de su origen marroquí, africano, musulmán, aspectos todos estos con los que convive en absoluta armonía. Una armonía que no supone una aceptación sino un cuestionamiento constante. 
        Dris Chraibi, como los buenos escritores, desnuda sus prejuicios a la luz de un sentimiento superior: el de su anhelo de libertad, de expresión, de vida. Hay una especie de tentación del abandono en sus palabras, en el perfil de ese joven que nos describe, de sus actitudes y sus fanfarronerías. Enfrentándose al mundo de sus padres cumple con la promesa del hijo, el mayor enemigo del padre y al que debe enterrar, de algún modo. Supone un ejercicio de liberación, pero también de respeto por sus propios cánones filiales, a los que considera desde una perspectiva crítica, lo que no significa una destrucción de sus fundamentos sino una transformación. Dicha transformación solo puede traer aparejada, en ocasiones, una desaparición de formas y modos, pero también puede significar una perspectiva más amplia, una readaptación de los sentimientos, de la fe misma. 
        Me ha parecido una lectura interesante y arriesgada. Es un soplo de aire fresco, muy fresco, que ayuda a comprender ciertas cosas y que me aproxima al mundo de alcanfor de todos esos marroquíes que, más flexibles o menos, traen a sus hijos a mi aula para que los eduque.
Un abrazo.



domingo, 7 de mayo de 2023

RECUERDOS, SUEÑOS, PENSAMIENTOS

 


Recuerdos, sueños, pensamientos.
Carl Gustav Jung

    Leer este tipo de biografías nos acerca a mundos muy particulares del intelecto. Leí, hace mucho tiempo, algún libro fundamental de este autor, heredero de las ideas de Freud pero antagonista en lo que respecta a la evolución de las mismas. La historia de este pensador e investigador de la mente humana nos dice muchas cosas aprovechables: no solo nos interesa por la parte personal y la vivencia del protagonista, sino que, también, nos ayuda a entender cómo avanza el progreso humano y cómo la observación de los comportamientos, de los sistemas de estudio y del contexto llevan a lugares en los que los sujetos no se han hallado anteriormente. 
    Siempre que cruzamos la meta de algún espacio, sus límites, solemos reconocer aspectos concretos, objetos discretos o situaciones particulares. Sin embargo, el marco de un nuevo espacio se nos antoja incognoscible, ajeno y, a veces, hostil. Esto es normal y hasta lógico, y depende de nuestro mecanismo de supervivencia. Al explicar este tipo de aspectos a mis alumnos, me miran con cara de horror, en ocasiones la perplejidad es manifiesta. "Debes aprender y construir un criterio a partir de la destrucción o del cuestionamiento de lo que te enseñamos aquí", les digo a los mayores, que me miran con ojos vueltos, como si el profe de lengua y literatura se hubiera vuelto loco. Luego les detallo lo que esto significa y cómo afecta al progreso de la raza humana. Sin hacerse preguntas, sin cuestionar lo que dicen los libros, es imposible que el hombre avance. Esto no significa negar lo que hemos construido tras millones de años de formación, desarrollo físico y mental y supervivencia, pero la construcción de la cultura no es un seguidismo de los chamanes, sino un filosofar constante y permanente, en una dirección positiva. 
    Jung rompió con Freud, al que respetó siempre pero al que, intelectualmente, halló limitado, en un momento de su vida que coincidía con la posición crítica que, precisamente, adoptaba frente a su maestro. Sin duda, es una buena lección de vida y de sustancia, esta historia personal.
    Por eso, recomiendo su lectura, que tiene una narración muy ligera y apasionante, porque se trata de una autobiografía remodelada, en partes, y por eso creo que la lección que aporta es interesante y constructiva. Una de esas lecturas que relaja de la monotonía y aporta entreteniendo. Horacio habría estado de acuerdo conmigo.
Un abrazo. 

sábado, 25 de marzo de 2023

DESPUÉS DEL BANQUETE

 


Después del banquete
Yukio Mishima

    Leer a Mishima es como volver a casa. En este caso, con más razón, porque en el universo de las relaciones humanas que el escritor japonés construye, esta novela supone un punto y aparte, en mi opinión. Y no es porque contenga elementos muy distintos de los que jalonan su producción literaria, sino porque el papel del hombre y de la mujer, más allá de los estereotipos sexuales, aparecen vinculados a deseos y razones que no se enmascaran.
    La política es un elemento decisivo en la pareja que protagoniza esta historia, puesto que supone la llegada, el culmen, y el punto de inflexión. Políticos como Naguchi que, zarandeados por los que manejan el oficio, se olvidan de que, ante todo, son individuos con una historia personal, con una dependencia emocional, con sueños cotidianos por cumplir. Lo que Mishima parece querer decirnos, al final, es que, entre otras cosas, la política devora a las personas para hacer flotar al personaje. Esta realidad, incontestable cuando se trata del mundo occidental, despierta curiosidad en el lector al conectarla con la tradición social japonesa. No extraña, sin embargo, que Kazu, la mujer, dirija y active sus pasos hacia la consecución de los objetivos de su nuevo marido, como si ella fuese responsable, de algún modo, de la campaña electoral.
    Es curiosa esta visión de Mishima sobre la mujer del político. Una visión que entronca con las historias reales de otras "primeras damas" de personajes conocidos. Nos recuerda, de todos modos, que bregar al lado de tipos como este puede ser el principio de una serie de desgracias personales. El matrimonio, percibido como un modelo por encima de todo, acaba respondiendo a las necesidades del mismo, que no son personales sino sociales. Esto conlleva la anulación de la persona, en sí, y la reafirmación del individuo como un papel, un rol despersonalizado.
    Por supuesto, el fracaso de esta unión, y del negocio que fue su origen, no es una tragedia literaria destacable. Lo que Mishima convierte en una verdadera tragedia es la negación del amor que dos personas sienten, impulsada al vacío por elementos externos que no deberían, sobre el papel, influir tan decisivamente en sentimientos privados.
    Una vez más, este gran autor, del que me siento deudor como lector agradecido, da otra vuelta de tuerca al lienzo de lo que llamamos amor, como un resorte inacabable de la vida misma.
Un abrazo.

domingo, 29 de enero de 2023

EL ABUELO QUE SALTÓ POR LA VENTANA Y SE LARGÓ

 



El abuelo que saltó por la ventana y se largó
Jonas Jonasson


        No suelo leer lo que me recomienda mi hermana Esmeralda, que tiene unos gustos muy dispares a los míos. Pero reconozco que este libro, de portada inclasificable y tufo a best-seller, me ha sorprendido gratamente. Tal vez porque no me esperaba la cantidad de innombrables situaciones cómicas que provoca. O puede ser por el lenguaje dinámico, flexible y rápido con que los personajes van enlazando pensamientos y acciones. La trama llega a ser un pastiche de Forrest Gump en muchos aspectos, recordando a aquel en los diferentes saltos dramáticos a los que se enfrenta. A pesar de ello, la gracia con que el autor construye la loca peripecia vital del protagonista resta enteros a un posible rechazo.
        Es una novela para pasar el rato, por supuesto, y en esto hay pocas que le ganen. Sucede de todo y en abundancia aunque, a mi modo de ver, llega al extremo de su propia caricatura. Los excesos, en estos casos, son inevitables. Es el precio a pagar para conseguir un resultado atractivo.
        Este tipo de obras no se leen dos veces; a la segunda, perdería su chispa, está claro, pero ¿a quién le importa? No hay nada que desentrañar, solo es un trago largo e intenso, un sabor oxigenante, una noche de sábado. Cumple su función a la perfección, sin restarle méritos literarios a lo que se lee, pero no pretende ir más allá, y eso se agradece.
        Recomiendo su lectura por su efecto terapéutico y desinfectante. Como un buen analgésico.
Un abrazo. 

domingo, 28 de agosto de 2022

CLEA

 



Clea
El cuarteto de Alejandría IV
Lawrence Durrell

    Para finalizar esta obra en cuatro volúmenes, Durrell utiliza un personaje de referencia que, no siempre, aparece centralmente en el argumento. Se trata de un subterfugio de la memoria, una vez más, y no de una excusa para crear una trama novelística, como en el caso del volumen anterior. Se percibe el deseo del autor de cerrar el ciclo, de atar cabos y de dar explicaciones que, no siempre, son la coda de nada, sino que dejan un poso de vacío, un sinfín de preguntas.
    Este grupo de amigos, especial y con vidas nada convencionales, se han arrastrado hasta el fondo de sus sentimientos, involucrando a los demás y creando un universo de relaciones y conexiones que les definen. En la vida misma las cosas, en ocasiones, son así. Bien es verdad que, en la actualidad, el concepto más desarrollado de la individualidad humana, sobre todo en las zonas urbanas de países ricos, impide que los sujetos abran sus sentimientos a los demás, o que se abandonen a los mismos. La necesidad obliga. Sin embargo, este tipo de historias acrecienta nuestra sed de honestidad y nos motiva a creer que no siempre lo correcto o lo necesario responde a esos adjetivos.
    Si tuviera que resumir lo que ha supuesto la experiencia de leer esta obra maestra (puede ser llamada así, no me cabe duda), yo diría que me ha parecido un ejercicio de sinceridad emocional, una búsqueda de lo remoto más cercano, una huida hacia dentro y una manera de reconocimiento del otro, del que siempre anhelamos para evitar la soledad. La construcción de la vida, en sí misma, de cada individuo es lo que realmente merece la pena. Es imposible que no nos abstraigamos de lo importante, centralizándolo en el objetivo final, que a veces no es sino un guion, una señal. Porque lo que de verdad importa es el conjunto de las vivencias que, para bien o para mal, van levantando el edificio de la memoria.
    Los personajes de El cuarteto de Alejandría viven, en su amplio sentido, sin más trabas que las que ellos mismos se imponen: bien por límites sociales, bien por personales o miedos de todo tipo. Pero, a lo largo del tiempo transcurrido, y con la importancia que el contexto supone, sobre todo en esta obra, descubren que tienen muchas cosas en común y que, a pesar de todo, subyace una emoción en todo el recuerdo de las vivencias, de los anhelos, de los peligros y los amores.
    La memoria y la superación de los grandes obstáculos de la personalidad, modelados por la sociedad, la historia, la educación y la supervivencia, son temas perennes en la literatura universal. Eso no obsta para que Durrell los haya manejado con una habilidad insuperable, con un lenguaje que innova sin descubrir nada, puesto que se adentra, con honestidad, más allá de lo literario, enfundando las palabras de la experiencia, desnudando el alma de los tipos que dibuja. Incluso en los subterfugios, en las huidas, en las máscaras, hay un ser que sueña, que se obnubila con lo que ve, que ama, que muere.
    Es verdad que yo cogí esta obra con ganas, y que la he consumido sin perder un ápice de la motivación de la primera página, pero también es verdad que su longitud y complejidad podrían, en algunos casos, repeler o retrasar su lectura, dependiendo del lector y sus necesidades. En todo caso, es un lugar común al que siempre se puede, y se debe, volver, como a Alejandría.
Un abrazo. 


martes, 23 de agosto de 2022

MOUNTOLIVE

 



Mountolive
El cuarteto de Alejandría III
Lawrence Durrell


    De esta tetralogía, que en realidad no es sino una novela en cuatro apartados, esta sería la sección más dinámica, por dos razones: una trama muy concreta en la que se enredan los protagonistas, y que le da una sustancia novelística muy interesante, y un aligeramiento de los diálogos y las reflexiones, que permiten que el lector avance con más velocidad. Es perfectamente entendible que en el perspectivismo de Durrell se vislumbren diferentes estilos narrativos que, por supuesto, encajan a la perfección con la tipología de los personajes que protagonizan cada una de las partes.
    Además, el protagonista, David Mountolive, tiene unas características que lo hacen diferente a los individuos de las dos primeras secciones: por el mundo en el que se mueve y por la historia de amor tan particular que vive. 
    El hecho de que la historia de amor de Mountolive relacione a diferentes sujetos de la esfera de este universo, da pie a que, en la siguiente parte (Clea), como ya veremos, sea utilizada como referencia de los miembros del grupo. En mi opinión, esta parte puede sobrevivir sin las dos anteriores pero es muy importante para enlazar con la siguiente, de la que hablaremos próximamente. 
    Durrell avanza con mayor rapidez en esta sección del ciclo completo, con la intención de desembocar en un final, más o menos, acusado. No se trata, por lo tanto, de que cada parte sea independiente, aunque relacionada con las demás, sino de que las dos primeras marquen el terreno por el que circulará la reflexión final de la última, incluyendo a esta tercera como un instrumento de aceleración de los acontecimientos, de introducción de acciones de intensidad narrativa y creando el marco histórico y novelístico necesario para encuadrar la época histórica y el lugar. Recordemos que Alejandría durante la guerra mundial es un recurso escenográfico y temporal de gran calado, puesto que construye el elemento memorístico clave para entender los recuerdos de los individuos, el espacio en el que estos se producen y el condicionamiento que la ciudad, y sus costumbres, determinan sobre el decurso natural de los sujetos y acontecimientos.
    Leyendo Mountolive todo me lleva a pensar en un plan predispuesto desde el principio. Difícilmente Durrell habría dado con la clave de esta tercera parte sin haber pensado en la siguiente, sin haber entendido cómo los mundos que se cruzan, y que cada personaje vive como suyos, son vasos comunicantes que interconectan sentimientos, emociones, miedos y dudas que representan, por sí mismos, una época, un contraste de civilizaciones y una búsqueda existencial.
    Como el resto de la serie, y como veremos después en Clea, Durrell nos transporta a las esencias más centralizadas de la vulnerabilidad, bajo el estigma de amores incompletos. El retrato de los personajes y el tratamiento de los recuerdos, el espacio y el tiempo son magistrales, sin duda.
    Una delicia para los sentidos. 
Un abrazo. 

sábado, 2 de julio de 2022

BENITO CERENO

 




Benito Cereno
Herman Melville


    Este es un relato aparentemente muy conocido del escritor norteamericano, pero yo no sabía de él. Reconozco que no me lo pensé mucho cuando lo vi en la librería, ya que Melville, ya lo sabéis, es uno de mis escritores favoritos. Y todo porque, aunque alguien pudiera pensar que es otra de las historias de la navegación, tan apasionantes pero tan parecidas, se trata de un estudio de personalidad muy interesante. Está basada en un hecho conocido y real, que está documentado, y del que Melville se sirvió para componer esta ficción. Se nota el excelente trabajo de documentación y, por supuesto, la mano incombustible de un narrador de esta talla. 
    Desde el principio, nos adentramos en el mundo que el autor conocía: el mundo entre las cuadernas de un barco, sobre los mares, en una constante búsqueda que tiene sentido porque no acaba nunca. La infinitud hace que los hombres refuercen aspectos de su personalidad que en tierra no serían visibles. Pero, aunque volvemos al mundo reconocible de sus grandes historias, hay algo en este relato diferente. Los estudios de personajes que Melville desarrolla, como en Bartleby que ya analizamos aquí, son muy agudos. Se acompaña de las reflexiones del otro personaje protagonista, el narrador, que va dando claves al lector. En ocasiones, esas claves sirven más para confundirse que para encontrar el camino adecuado.
    Hay un ambiente de sangre y traición en el buque donde todo se desarrolla. Se espera, por supuesto, lo peor pero no en el modo en que ocurre. El desconocimiento de los detalles va revelándose conforme avanza la historia, con mucho oficio. Es un escenario inquietante, fantasmal, donde los hombres se comportan de forma extraordinaria: o en silencio, o amenazantes o anhelantes de algo desconocido. 
    En cualquier caso, el argumento proporciona el ambiente propicio para que la tensa mirada de Melville desmenuce ese universo tan particular. Como en otras ocasiones, la técnica de este autor no pasa desapercibida, pero fluye honestamente entre las líneas, causando una honda emoción en el lector. A veces, la bondad de los elementos de la realidad que se usan en una novela no son sino un estorbo, una manera de distraer al escritor. Sin embargo, para Melville son un medio excelente para enriquecer la escenografía. Además, como sabemos, el autor traslada parte de sus vivencias al relato, haciéndolo aún más creíble.
    Es una historia de barcos, traiciones, navegación, sí, pero sobre todo es la historia de unos tipos que esconden intenciones, de supervivencia, una relativización sobre el alma humana. Podría estar ubicada en una cárcel, en una oficina de trabajo, en el vagón de un tren durante un largo viaje, en cualquier sitio. Esta es la grandeza de los escritores con mayúsculas: la universalidad. Se lee de un tirón.
Un abrazo. 

viernes, 1 de julio de 2022

EL CUARTETO DE ALEJANDRIA II. BALTHAZAR.

 



Balthazar.
El cuarteto de Alejandría II.


    Los episodios relatados en Justine, en el volumen 1 de esta serie ya comentado aquí, son retomados en esta segunda entrega desde un punto de vista externo. El perspectivismo es una de las razones de ser de este estilo narrativo y Durrell es un experimentador que juega a intercalar espacio y tiempo, con planos que, como hemos visto en otros novelistas de la modernidad, fragmentan sus conexiones habituales. También consigue el efecto de elaborar una construcción cargada de paralelismos, donde lo irracional encuentra su orden y su sentido.
    Ya hemos hablado de esto en el diario, y hemos compartido explicaciones sencillas sobre lo que significa perspectivismo como técnica literaria. Sin embargo, no hemos ahondado en el sentido "coral" que tiene este término. Porque, de una forma u otra y con toda lógica, las diferentes perspectivas se nutren de las intervenciones de personajes que, ya sea como testigos que se vuelven narradores o como narradores que son, de pronto, observados como fuente de la narración, participan en el entramado del texto. La condición de "textura", llamada así por J. M. Adam, es la que da forma y sustancia al texto como tal. Si los elementos de la narración, los llamados tradicionales (sea narrador, objeto, espacio, tiempo y sus partes: planteamiento, nudo, desenlace, etc.), se conjugan con una configuración distinta, es decir sin respetar las normas que le daban su nombre y significado, entonces la estructura de la narración se convierte en un fondo donde los elementos encajan intuitivamente. Esta "intuición" no es más que la elaboración mental del lenguaje: aquella que nos proporciona el fundamento de la comunicación. 
    Durrell nos descubre en este volumen el verdadero sentido y orientación de su tetralogía: la consolidación de un modelo de comunicación literario que destierra, de algún modo, la lógica racional de la estructura novelística: del realismo, del detallismo figurativo o representativo, la secuencia de los comportamientos o las funciones clásicas de los personajes basadas en modelos antropomorfos prefigurados. Así, Balthazar es una muestra de libertad artística y una búsqueda intensa de un lenguaje que se construye por sí mismo. De tal manera, hemos de olvidar lo que el volumen anterior nos contaba, para, en la corta memoria de acontecimientos aparentemente irrelevantes, pero en sí trascendentes para el orden del argumento, reubicar los valores humanos de los que cuentan su vida. 
        Hay un aspecto, además, que me resulta muy llamativo y que ya hemos visto en Robert Musil, Thomas Mann o Walser, curiosamente todos narradores de la órbita germana: la forma en que se incluyen en la cotidianidad algunos comportamientos que casi llamaríamos "patológicos". Es difícil discernir, en ocasiones, en estos tipos humanos la cordura de la libertad anárquica, o la impulsividad de la emoción intensa y sincera. Por tanto, el lector tiene que evaluar algunos actos, que directamente serían tachados por nosotros de insensatos o inexplicables, como formas convencionales de ser, en un contexto en el que lo convencional pierde su sentido. Así leímos, en su día, en Kerouac o en Miller, por ejemplo.
        Después de todo lo dicho, queda patente el valor artístico de esta obra y lo interesante que resulta, tras la lectura de Justine, puesto que nos aporta una visión completamente diferente de un universo único y muy particular. Los detalles en esta magna obra, además de pasar por la utilidad pecuniaria de una herramienta descriptiva, anclan la memoria de los objetos y los seres a una dimensión deformada. Sin embargo, esto no debe asustar al lector sino todo lo contrario, puesto que muchos descubriréis que es de esta manera cómo se puede hallar un vehículo de entendimiento de la historia. Basta con dejar a nuestra memoria la oportunidad de construir una geometría variable de los rostros, las emociones y los hechos. Ella, por sí sola, elaborará las conexiones oportunas e irá dándole forma.
Ya tenéis ejercicio para estas vacaciones. De nada.
Un abrazo.

miércoles, 29 de junio de 2022

EL RUMOR DEL OLEAJE

 



El rumor del oleaje
YUKIO MISHIMA


    Por mucho que las introducciones de la editorial vendan esta novela como "una gran historia de amor", a mí no me lo parece tanto. Y no porque no lo sea, sino porque no es esa, esencialmente, la gracia de este libro. Mishima, como ya sabéis, es un autor que me ha impresionado y al que sigo desde hace tiempo con gran placer. Y este es otro de sus volúmenes que me quedaban por hojear, y que he devorado vehementemente. Sin embargo, lo que impresiona no es la historia de amor, o el trasfondo personal de las relaciones que se van complicando, a lo largo de la trama. Lo que enamora de este libro es el paisaje. La isla en mitad del océano, el mar oscuro y desafiante, el instinto de supervivencia de los isleños, las tardes húmedas y frías, el cielo abierto: la inmensidad frente a la pequeñez del lugar donde los protagonistas desarrollan sus míseras y empequeñecidas existencias. 
    Hay una gran dignidad en todo lo que Mishima cuenta. Una dignidad que tiene ese tinte japonés frente a la adversidad; la honorabilidad del que lo tiene todo perdido, o lucha hasta el final contra la marejada. La historia en sí, no pasaría de ser otra novela de enamoramientos prohibidos, de envidias, de fobias, de clasismo e incomprensión, de no ser por la pluma de este autor que la transforma en una colección de preciosas diapositivas: la casa del faro, la oscuridad azul de una noche frente al mar, el rumor de las olas. Cuando alguien que, como yo, vive en la costa y entiende este tipo de lenguaje, se enfrenta a historias ambientadas así, el mar lo acaba devorando todo, a la historia misma. Presumo que es el efecto que Mishima quería causar en el lector, porque la herramienta descriptiva está usada como un personaje en primer plano. Todo el "mobiliario" humano (barcos, enseres, personas que viven en el mar, jerga, etc.) acompaña la fotografía de los alrededores. Hay rincones que parecen extraídos de una película antigua, hay situaciones que recuerdan a las grandes novelas de aventuras.
    Siempre recomiendo a este novelista japonés y, en este caso, puede que la lectura de esta novela sirva para detenerse ante un paisaje muy particular. Es una manera de observar, como en el caso de algunas obras de teatro e incluso óperas, el paso del tiempo. Cuando la barahúnda de nuestras vidas se vuelve ensordecedora, el ruido se acaba convirtiendo en una brisa que apenas oímos. Aislados, nos queda entonces el rumor del oleaje, los árboles en los montes que miran a la costa, el olor de la brisa marina, el frío viento que viene del océano y el vapor de agua colgado en el tendedero de luz que crea el faro. Los ojos que miran al horizonte inabarcable.
Un abrazo. 

jueves, 9 de junio de 2022

HISTORIA DEL CERCO DE LISBOA

 


Historia del cerco de Lisboa
José Saramago


    Es sumamente gratificante lo que me ocurre con Saramago. Durante mucho tiempo, después del impacto de leer El evangelio según Jesucristo, no tuve contacto con ninguna de sus obras. Tras adquirir un ejemplar de segunda mano de La caverna, que ya hemos revisado en este diario, me leí Ensayo sobre la ceguera, del que también hice una reseña en el blog, y ahora esta obra, que encontré en un estante de una librería de viejo de Almería, la única que queda. 
    El estilo narrativo que utiliza el portugués aquí es dinámico, casi de conversación mental. Una cadena de pensamientos y reflexiones, así como de voces, que van construyendo el escenario de los personajes: un escenario que se mueve en el tiempo, entre la historia que se va elaborando en manos del escritor, y las relaciones personales de dos amantes casi casuales, que acaban encontrando un tipo de amor no muy convencional, a mi modo de ver.
    La relación entre el autor y su obra, así como los desafíos que presenta el lenguaje para alguien que trabaja con él, son temas que se deslizan por estas páginas. Reconozco que me ha entusiasmado la primera parte del libro, hasta el punto de que, después, como es lógico, la tensión y la intensidad ha ido disminuyendo. Pero hay algo que enlaza con el final y que lo convierte en algo completo: el amor entre la editora y el escritor. 
    No sé cuándo escribió esto Saramago, pero da la impresión de que se trata de una obra de madurez lograda. A lo largo de su obra se puede vislumbrar el cambio estético, la relación del propio Saramago con su forma de narrar y cómo incorpora ciertos elementos, desechando otros, al modo de un artesano que reconvierte su técnica y que mira con ojos más incisivos.
    Sin duda, es un enorme placer leer a Saramago. Siempre despierta los instintos, los sentimientos y las dudas. Lo hace con una calma inusitada, que se percibe en la actitud de sus personajes. Hasta la violencia parece menos violencia. Es un alma pura y blanca y un escritor por derecho.
    Esta historia, tránsito entre el pasado real histórico y la ficción histórica, conduce al lector por vericuetos muy interesantes. Y lo hace con el poder de una palabra flexible, adaptativa, que huye de ciertas rigideces sintácticas y que aglutina significados, sentidos, orientaciones. Es lo que hace a este lenguaje narrativo más poderoso y comunicativo.
    Una de esas obras placenteras que hay que leer con cariño.
Un abrazo. 

lunes, 30 de mayo de 2022

JUSTINE. EL CUARTETO DE ALEJANDRIA I.

 


Justine
El cuarteto de Alejandría I
Lawrence Durrell


    En la inquietante pausa del tiempo, el escenario cobra vida. Alrededor de las calles, en los intersticios de los salones, los pasillos, las terrazas, las teterías y los restaurantes, entre las sábanas de alcobas ajenas o en las reuniones de amigos desconocidos, las conversaciones brotan, los deseos vuelan y las almas inencontrables se enfrentan. 
    Hay algo en Durrell, desde las primeras páginas, que emociona, que subyuga. Seguramente, la elección de Alejandría como espacio narrativo es muy acertada. Seguramente, también, los amores y los sinsabores de las mujeres que atraviesan estas páginas resultan intrigantes. Porque, ante todo, esta es una novela que, dentro del cuarteto que anuncia, emplea el tiempo con una amalgama de recursos muy amplia. Me refiero, fundamentalmente, a la manera de insertar pasado y presente, o escenas paralelas en un mismo diálogo o reflexión del protagonista. Se trata de que aquellos pensamientos que circulan por nuestra mente, en tiempo real, puedan aparecer, más o menos ensartados, en la lectura y que el lector, como tal observador, llegue a los mismos de una forma amplia y con una perspectiva clara. 
        No hay grandes innovaciones, a mi modo de ver, en su técnica narrativa. Pero Durrell juega con la emoción como pocos. En algunos tramos me ha parecido sugerirme al Robert Musil más maduro, con toda esa colección de detallismo y de visualizaciones de lo inmaterial que en él son usuales.
        La figura de Justine, que no siempre resulta benigna, es, como otras mujeres de la leyenda literaria universal, atractiva y enigmática, en cierto modo. Justine pulula por las palabras, las expresiones, es como un fondo de toda la escena y cubre, en buena parte, los aromas de una Alejandría que parece peligrosa, cercana, popular e intimista.
        Ante todo, esta es una novela que se lee con mucha retórica, que despierta los sentidos del lector y que transporta. El "orientalismo" de su escenografía se vincula a la ciudad, sí, pero no menos a los tipos que han sido dibujados a través del espejo. Porque los secundarios de esta epopeya cotidiana, aunque extrañamente extraordinaria, son fabulosos en muchos aspectos. Hay perfiles como estos en Henry Miller, por ejemplo, aunque también podríamos hablar de Mishima, al que hemos diseccionado en este diario, y otros de la modernidad novelística.
        A los lectores de mis incursiones diarias les recomiendo profundamente la lectura de Durrell, y de esta obra en particular, por lo que tiene de intensidad, de policromía, de belleza pictórica. Leer este tipo de novelas, que infunde profundidad, perspectiva y pasión, es una increíble experiencia intelectual que ayuda a comprender el seno de las almas humanas y que evoca las contradicciones de los sentimientos, las impurezas de los idealismos, la certeza de toda inseguridad.
        Una travesía enriquecedora por el desierto.
        Un abrazo.



lunes, 16 de mayo de 2022

EL LUNES NOS QUERRÁN

 



El lunes nos querrán
Najat El Hachmi


    Por la semana del libro una compañera me regaló este ejemplar. Y aunque ella sabe que no suelo leer libros premiados, ni novedades de ese tipo, se arriesgó porque creía que me gustaría el tema. Paloma, que así se llama, trabaja de ATAL en el instituto con aquellos alumnos que están en período de inmersión lingüística y, por lo tanto, la lectura de esta novela le pareció muy cercana a su realidad y, tal vez, por ende, a la mía.
    Reconozco que no conocía a la autora, ni el libro, y que, aunque haya ganado el premio Nadal en 2021 eso significa poco para mí. Pero también es cierto que, al ser una escritora de origen marroquí, me llamaba la atención poder acercarme a ese tipo de lenguaje cultural que yo, como español, no poseo. Este tipo de ejercicios culturales e intelectuales son muy útiles y abren prodigiosamente el espectro del lector. Así que, después del disfrute de leer a Posteguillo, me lancé con energía. 
    Al principio, me pareció solo la historia de una chica emigrante, de familia musulmana, en una ciudad como Barcelona. Con todos los tópicos, los lugares comunes y ese tipo de rebelión "léxica" que se le presupone a una historia como esta. Después, conforme avanzaba, me sugirió muchas aristas diferentes y un dibujo muy preciso de una verdad cotidiana. Eso me gustó.
    Tal vez no es la mejor manera de contar la suya, tan directa en ocasiones y tan leve, en otras. Me falta algún tipo de reflexión más (porque el tema lo conlleva) y un pincel menos grueso. Sin embargo, puede que sea, justamente, ese el trazo más adecuado para lo que quiere contar.
    Al final, me queda la sensación de que es una novela más escrita para adolescentes que para lectores muy curtidos, pero sí que me gusta el tema y la dignidad con que lo trata. Además, la perspectiva femenina es interesante y muestra aspectos muy destacados de un tipo de marginalidad muy concreta.
    Las culturas mezcladas, el perspectivismo de los individuos, la presión social y el aislamiento, la falta de comunicación, la sinrazón de una ideología, todo está mezclado con facilidad en el argumento de esta novela.
    Por todo esto, considero que leer este título es recomendable para, sobre todo, concienciar de que cualquiera de nuestros vecinos o, lo más probable, vecinas del barrio viven bajo condiciones impensables, para nosotros los occidentales, y que hemos de ser capaces de comprender, para empatizar y para, finalmente, ayudar. En todo caso, es una excelente lectura para jóvenes adolescentes, sobre todo, y hacia ellos está, creo, dirigida.
    Un abrazo. 

jueves, 12 de mayo de 2022

ROMA SOY YO

 



Roma soy yo
SANTIAGO POSTEGUILLO


    Los que siguen este diario de un lector, desde el principio, saben que abrí boca nada menos que con Walter Scott, lo que ya indica, de por sí, mi gusto por la novela histórica y sus derivados. Pero también saben que no soy amante de los llamados superventas, y que tampoco entiendo el concepto de "engancharse" a una novela, como si fuera una escena inacabada cuyo único atractivo es conocer el final. Por todo esto, el hecho de que el día del libro fuese a comprarme un ejemplar de la última obra de Posteguillo (conocidísimo autor de novela histórica basada en la antigua Roma) ya tiene mérito. Vi su anuncio en televisión, y dado que el tema me interesó, pues la figura de Julio César es una mis figuras históricas más leídas, me lancé. 
    Evidentemente, la lectura se preveía divertida, además de didáctica, pero he de añadir algunos detalles: me parece que Posteguillo ha encontrado, si es que no lo hacía antes, porque no lo he leído nunca, un engranaje perfecto para este tipo de construcción narrativa. Por supuesto, se mueve sin ambages en el mundo de la tensión narrativa, de los elementos y trucos de toda la vida para mantener la atención del lector y crear horizontes y expectativas. Es un juego de piezas que se va engranando conforme los personajes se perfilan y la trama se amplía: se rompen unas cuerdas y otras se van extendiendo.
    Hasta ahí, Posteguillo no creo que haya inventado nada. No obstante, como esto no es lo importante en el arte, ya que la invención es un término sobrevalorado en ocasiones, hay que añadir que la parte didáctica de la novela constituye un pilar fundamental de su narrativa, puesto que aporta veracidad, reflexión y fundamento. En esto se nota que es profesor. Por otra parte, el juego de alternativas y analepsis que utiliza es eficaz y dinámico, ayudando al lector a acoplarse a la trama y a entender argumentos y contrargumentos de los personajes y su mundo.
    Son novelas muy extensas (y esta promete ser el primero de seis volúmenes, ¡nada menos!), sin embargo no se ha hecho tediosa en ningún instante. Incluso, la terminé de leer en apenas tres días. Hacía tiempo que no sentía cierta ansiedad por continuar una lectura. Supongo que a eso se refiere la gente que se "engancha" a una novela. Pero, en mi caso, no era tanto por conocer el final de la trama sino por seguir disfrutando del dibujo, las escenas, la época vívida que Posteguillo muestra en sus capítulos.
    Poco tengo que añadir. Es una novela muy recomendable, que no va a cambiar ningún aspecto de la literatura que conozcamos, pero que tampoco lo necesita. Resulta refrescante y edificante, a la vez, porque hay mucho de didáctico en su lectura, combinando esto con la intensidad narrativa y la diversión para el lector.
    Acabo de hacer un nuevo amigo, como podéis ver.
Un abrazo. 

sábado, 7 de mayo de 2022

LOS HIJOS DEL CAPITÁN GRANT

 


Los hijos del capitán Grant
JULIO VERNE

    La manera en que Julio Verne ha hecho de su obra un mito es difícil de describir. Los elementos que lo hacen atractivo están ahí: la aventura, el detalle, la construcción de la trama, la creatividad y la imaginación desbordante. Es una de esas lecturas que, como un entremés, abre boca. Una vez leídos esos volúmenes, tan interesantes pero, a veces, tan complejos, que voy recomendando, el esfuerzo mental pide oxígeno. Y Julio Verne lo ofrece.
    Esta aventura, donde se entremezclan los viajes marítimos, los decursos por las sierras más agrestes o la lucha contra aborígenes, es típico de su forma de contar historias. Hay en él mucho de novela "científica", por la cantidad de aportaciones técnicas que ofrece, pero también de antropología, en el conocimiento de formas, culturas, espacios humanos, etc. Además, los personajes de Verne están en constante movimiento. Es esto lo que caracteriza su teatralidad: los desplazamientos que permiten, en un mundo que se antoja pequeño en su pluma, los diferentes conflictos, las situaciones desbordantes, la sorpresa o la tensión.
    Hay también personajes que ofrecen el contraste con los héroes: la difamación, el engaño, la traición, etc. Elementos que siempre han dado el pie, el fondo, para la construcción de los grandes valores, de la enseñanza. El bueno contra el malo, el triunfo de la voluntad, el esfuerzo, la nobleza sobre la miseria de las bajezas del hombre, la indignidad o cualquier modo de laxitud de las conciencias.
    La búsqueda es esencial en estos personajes: lo buscado es el símbolo de un vacío, de una historia detenida bruscamente. Los hijos, en este caso, que buscan al padre desesperadamente y el único nexo que los enlaza con él: unos documentos extraños, misteriosos, que no acaban de ofrecer respuestas. A partir de ahí, el itinerario, casi de road story, se va tejiendo.
     Julio Verne es mundialmente conocido por ser un visionario, porque muchas de sus predicciones futuristas hoy son vistas como elementos de nuestra vida cotidiana. Esto es increíble, en muchos aspectos, e, incluso, inexplicable. Pero su alto índice de aciertos no es lo único que lo hizo un gran novelista. En algunos de sus ejemplares, como en este, las historias no cuentan sino con la realidad más tozuda. Las dificultades y las maravillas que obstaculizan los viajes son los mismos que, universalmente, la naturaleza ofrece. Asimismo, las gentes y los paisajes son los que siguen siendo. No hay más novedad que el ritmo que los hace interactuar, que dibuja un mundo que nunca para, donde todo gira con el planeta.
    El mundo de Verne es un mundo fresco, vivo y, yo diría, desaparecido hoy. Porque el misterio de la vida, que parece que cada vez lo es menos a nuestros ojos, no se esconde detrás de la tecnología de su tiempo (como lo hace hoy) sino que permanece frente a los individuos, enfrascados en una supervivencia tensa, dura, que les fuerza a dar lo mejor de sí mismos y a trabajar sus inteligencias. Para moverse en las historias de Julio Verne hace falta discurrir por la razón, por el ingenio, ser perspicaces, rápidos y observadores, cualidades que hoy escasean.
    Por todo esto, y mucho más, la literatura de Verne es universal y universalmente entretenida.
Un abrazo. 


martes, 3 de mayo de 2022

UN ARCÁNGEL MANCHADO DE HOLLÍN

 


Un arcángel manchado de hollín
Ana Blandiana


    Ha sido una coincidencia no buscada, esta de leer a dos autores rumanos consecutivamente. Sin embargo, hay, lógicamente, coincidencias que resultan muy esclarecedoras. La historia de este país, a mitad de camino entre el mundo eslavo y el románico, se mueve entre la miseria de la dictadura, los años de dolor y ausencia y el resurgimiento de la democracia y las voces iluminadas. Ana Blandiana, como Cartarescu, al que ya vimos anteriormente, supone la construcción de una estas voces. 
    Su poesía es un terruño de sujetos y objetos, de paisajes e imágenes que surgen de la necesidad de respirar, en un mundo claustrofóbico y acabado. Las autoras como ella, que nadan en la lucidez y en la pasión, pueden dirigirse con libertad, a costa de que su palabra sea crucificada. Pero una inteligencia superior no se arredra jamás. 
    Hay mucha cotidianidad en sus versos, unas formas ligeras y amables que se superponen a las ideas más universales, cargadas de verdad y de sustancia humana, como siempre ocurre con la poesía inmortal. Inacabada, por antonomasia, ya que horada los caminos de la búsqueda eterna, la poesía blandiana, de todos modos, reelabora los caminos de la pregunta por el sentido de las cosas. Hay humanidad en su voz, mucha y muy directa, que no juega fácilmente con la abstracción o el sentimentalismo, sino que se consagra en su propia mirada, en el recuerdo, en aquellas cosas, edificios, calles, personas, oficios, que la autora vivió de primera mano. 
    Por eso, escucharla es como experimentar un cuento contado por la abuela, o una aventura narrada por un desconocido: nos adentra en la sensación del otro, dentro de un mundo circular, completo y limitado al que pertenecían personas, seres de todas las formas y caricaturas que han ido creciendo al albur de los hechos demenciales. 
    Más allá de la retórica propia de la poesía, Blandiana es un ángel que toca los pechos de los lectores, con un verso enraizado en la propia carne del pueblo, al que pertenece. Por eso no se siente ajena, en ningún momento, o endiosada, sino cercana. Una vecina del edificio que nos lee antes de dormir o que susurra mientras tomamos café, aislados del mal de las calles. El paraíso que ilumina pero que, en sí mismo, se ha manchado las manos del hollín mísero de nuestra especie. Conciencia sobre conciencia. 
Un abrazo. 

MIENTRAS AGONIZO

  Mientras agonizo William Faulkner          Cada vez que encuentro una obra de Faulkner en cualquier tienda de segunda mano, mercadillo, o...