Algunos escritores ponen su foco en segmentos de la sociedad que, de una manera u otra, permanecen alejados de la opinión pública, al menos en el sentido que normaliza a cualquier grupo humano más allá del estereotipo. La desmitificación de la clase media española, la burguesía de la Gloriosa, por parte de Benito Pérez Galdós, tras un tiempo de adhesión ideológica, es una muestra muy evidente.
Fitzgerald es un autor refinado, como lo son los personajes que retrata. Aunque, en cierta manera, como decimos, los impregna de una vulgaridad humanizadora. Esto lo consigue a base de ir dejando caer los sentimientos, las relaciones, de amanerar los principios o de restañar las dudas. A través de su prisma obtenemos un conjunto muy revelador de contradicciones, de expresiones de adversidad, desenmascarando las realidades de un mundo de apariencias y tensiones.
No se escapa la literatura de este gran autor, hoy no tan popular desgraciadamente, de ese cinismo humorístico que rodea a todo artista auténtico. Su lenguaje, su estilo y su meditada calma reposan sobre la acidez innata que encontramos en otros autores contemporáneos norteamericanos, muy celebrados por todos.
Por todo ello, resulta gratificante, estimulante y divertido, a la vez, leer a Fitzgerald y esta novela, más allá de Tender is the night o The Great Gatsby, consigue atraparnos en los amores de Anthony y Gloria, que son como el molde necesario sobre el que giran las emociones de sus seres creados. A lo largo de su novelística, el amor es el centro y eje de todas las desgracias y sinsabores de la clase acomodada norteamericana de principios de siglo. Un retrato descarnado aunque, a la vez, elegante, de toda una época.
Imprescindible. Un abrazo.
Tengo que reconocer que, de una forma u otra, este volumen, que es extenso de por sí, contiene elementos más que suficientes para que la obra pueda ser recomendada. De hecho, ayuda, en buena medida, a que esta autora sea conocida y, por ende, a que el "engaño" de su anonimato salga a la luz. Esta historia real, la de una autora de enorme talento escondida en el nombre de su marido, el conocidísimo Gregorio Martínez Sierra, es una historia de machismo muy clásica pero, a la vez, muy llamativa. Sobre todo si tenemos en cuenta que la verdadera escritora pasó sin pena ni gloria para el gran público y que su marido, egregio nombre en los libros de historia de la literatura española, no escribió apenas nada destacable.
De esta manera, hay elementos que sirven para que las nuevas generaciones se aproximen a la lectura de esta novela, con la cual la historia les será más fácil de digerir y más divertida de interpretar. No obstante, Vanessa Monfort se ha quedado en la superficie del cuadro. Apenas ha pintado nada interesante que no viniese en una investigación del "caso". Apenas ha razonado la problemática que podría surgir de esta situación anómala. Se trata de una adaptación, casi hecho por hecho, de una cronología estudiada y conocida, bien informada, pero fría y distante. Si tuviésemos los informes objetivos de los acontecimientos que se narran, punto por punto, alguien con una cierta habilidad literaria podría haber escrito algo similar. Y eso es lo que no perdono a la autora: que no haya sido capaz de transmitir lo que este caso promete.
También es verdad que resulta muy difícil traspasar los hechos mismos, que son muy llamativos y atrayentes, para crear una obra de arte. Pero ese es el papel que se le exige a un escritor, sobre todo si trata este tipo de temas desde el punto de vista de la ficción. Creo, sinceramente, que esta novela es un ejercicio fallido y, a pesar de ello, lo recomendaría para aquellas generaciones que se están acercando al mundo de la literatura y, en consecuencia, quieren descubrir el verdadero papel de las mujeres en la historia, escondidas por mor de prejuicios, falsas moralidades y miedos atávicos a lo diferente.
En este sentido, la novela merece la pena. Pero quien quiera algo más intenso, este no es el lugar.
Un abrazo.
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