domingo, 30 de junio de 2024

MIENTRAS AGONIZO

 



Mientras agonizo - Faulkner, William - 978-84-339-7320-7 - Editorial  Anagrama

Mientras agonizo
William Faulkner
    
    Cada vez que encuentro una obra de Faulkner en cualquier tienda de segunda mano, mercadillo, o me la dan entre un puñado de libros viejos que nadie tiene el valor de tirar a la basura, por decoro, la cojo con cariño y la hojeo con avidez. Tal vez porque, en su momento, quedé gratamente impresionado por El ruido y la furia o Luz de agosto. Incluso, en estos días, estoy terminando Gambito de caballo que, por supuesto, también me está pareciendo interesante. Y es que el mundo de Faulkner, que a veces es cinematográfico y, otras, realmente rural, hasta los extremos, es el mundo de lo que hemos dado en llamar la "América profunda", que podemos leer en Steinbeck o en Gore Vidal, aunque desde los extremos de la urbanidad. 
    Todos esos libros de Löwry, de Kerouac, Ginsberg o Miller nos ofrecen una visión muy particular del universo norteamericano, que a mí me fascina particularmente. Y, en el caso de Faulkner, hay algo del tremendismo (salvando mucho las distancias) de Cela en Mazurca para dos muertos o de Onetti, en El astillero. Porque, como este último, Faulkner construye su propia Santa María, cuyo nombre no me atrevo a reproducir aquí por su dificultad, en la que los hombres giran en torno a la muerte, el deseo, la tierra y el azar, como un destino inviolable.
    Hay mucho de tragedia griega en Faulkner, pero imbuida de una pausa, de una lentitud inusitada, como si el mundo girase de todos modos, le pese a quien le pese, centrifugando todo lo que lleva en su interior.
    Si bien la técnica narrativa de este libro no corresponde a la modernidad de The sound and the fury, es evidente que su manejo de la palabra es el magisterio de toda una generación. Faulkner es a la literatura lo que Tchaikovsky a la música: un referente imprescindible que flota alrededor de los Joyce, Kafka, Proust, Cervantes, etc., sin desmerecer a ninguno de ellos. De hecho, mucho de lo ganado en los narradores del siglo XX y XI le pertenece. No digo más.
Un abrazo.

lunes, 29 de abril de 2024

HERMOSOS Y MALDITOS

 

Hermosos y malditos. | Sinopsis del libro | | 

 

Hermosos y malditos
F. S. Fitzgerald

    Algunos escritores ponen su foco en segmentos de la sociedad que, de una manera u otra, permanecen alejados de la opinión pública, al menos en el sentido que normaliza a cualquier grupo humano más allá del estereotipo. La desmitificación de la clase media española, la burguesía de la Gloriosa, por parte de Benito Pérez Galdós, tras un tiempo de adhesión ideológica, es una muestra muy evidente.

    Fitzgerald es un autor refinado, como lo son los personajes que retrata. Aunque, en cierta manera, como decimos, los impregna de una vulgaridad humanizadora. Esto lo consigue a base de ir dejando caer los sentimientos, las relaciones, de amanerar los principios o de restañar las dudas. A través de su prisma obtenemos un conjunto muy revelador de contradicciones, de expresiones de adversidad, desenmascarando las realidades de un mundo de apariencias y tensiones.

    No se escapa la literatura de este gran autor, hoy no tan popular desgraciadamente, de ese cinismo humorístico que rodea a todo artista auténtico. Su lenguaje, su estilo y su meditada calma reposan sobre la acidez innata que encontramos en otros autores contemporáneos norteamericanos, muy celebrados por todos.

    Por todo ello, resulta gratificante, estimulante y divertido, a la vez, leer a Fitzgerald y esta novela, más allá de Tender is the night o The Great Gatsby, consigue atraparnos en los amores de Anthony y Gloria, que son como el molde necesario sobre el que giran las emociones de sus seres creados. A lo largo de su novelística, el amor es el centro y eje de todas las desgracias y sinsabores de la clase acomodada norteamericana de principios de siglo. Un retrato descarnado aunque, a la vez, elegante, de toda una época.

Imprescindible. Un abrazo.

 

lunes, 4 de marzo de 2024

EL MERCADER DE LIBROS

 

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El mercader de libros
Luis Zueco

          Si tu intención es irte tres o cuatro días de viaje y tener a tu disposición un entretenimiento para los tiempos muertos, este tipo de obras te vienen que ni pintadas. Entretenimiento sin límites a base de aventuras, viajes, traiciones, amores, paisajes de otra época y datos históricos, justo el tipo de lectura que arrasa en las librerías. Para adolescentes que quieren adentrarse en el mundo de la lectura pueden ser un buen punto de partida, y para quien quiere desestresarse con un viaje a través del tiempo. 
       Se trata de obras estimulantes para la imaginación y pasajeras, pero imprescindibles para el proselitismo lector. No puedo, sin embargo, añadir mucho más. Estas obras son carne de guion de serie o película, y tienen el favor del gran público, pero no encontrarán críticas literarias serias que abunden en sus virtudes artísticas o lingüísticas, porque no las tienen. Esto no quiere decir que estén mal escritas, por supuesto, pero no pretenden llegar más allá. A veces, no hace falta intentar ser lo que no se es. Y punto.
          Por todo ello, entiendo que estos son libros que tienen su público, o su momento. Por eso, supongo que me la he leído en tres días a buen ritmo y por eso, supongo, que lo recomiendo a quien quiera leer esta reseña.
Un abrazo. 

 

domingo, 21 de enero de 2024

UNA MUJER DIFÍCIL

  

 

Una mujer difícil
JOHN IRVING

    La narración es un arte que consiste en transmitir emociones, ideas, sensaciones, vivencias y cuanto tenga que ver con el género humano a través de la construcción de estructuras lingüísticas que, más allá, de lo que suponen técnicamente, aportan capas de significados, matices o imágenes, por nombrar algunos de los contenidos que pueden estar registrados en los intersticios de una escritura.
    El cerebro humano ha llegado, si se le entrena bien, a captar todos esos mensajes de una forma rápida, flexiva e interdisciplinar, por llamarlo pomposamente. Pero, por supuesto, para poder recibir y gozar ese tipo de mensajes hace falta un experimentado escritor que los transmita, vestidos del barniz expositivo de las palabras. 
    Irving, autor conocido pero distante en mis lecturas, propone en esta novela un auténtico paraíso de las emociones. Hay algo pausado en sus personajes que, no obstante, viven situaciones límite y fuerzan, emocionalmente, sus equilibrios mentales. De alguna manera, lo artificioso se convierte en natural cuando son los personajes los que moldean, a través de sus actitudes, las razones y las sinrazones. 
    El sexo, el mundo de la pareja, las consecuencias de una separación, la influencia del entorno y el contexto o el poder de la memoria son conceptos que este autor combina con excelente precisión en esta novela, que no ha dejado de sorprenderme. Eso y su inusual sentido del humor.
    Ha sido uno de esos descubrimientos que se esconde en los anaqueles de una tienda de segunda mano: una gozada.
    Resulta muy recomendable una obra que, por extensión y sustancia, conserva la intensidad y el pálpito de las grandes narraciones, aunque revestida de una modernidad y una cotidianidad que la hacen, aún, más atractiva.
    Un placer para los sentidos y la reflexión. Muy divertida.
Un abrazo.
 

lunes, 7 de agosto de 2023

NOVELAS POLICÍACAS

 


Antología de las mejores novelas policíacas
Varios autores (selección)


    Esta antigua colección en varios volúmenes, que no será difícil de adquirir en cualquier librería de viejo o de segunda mano, es una exquisitez a la que no se puede decir que no. Sin duda, un lector actual, y sobre todo los que tienen menos de veinte años, pondrá en duda la capacidad de estas tramas para emocionar desde el lado del miedo o el suspense. Sin embargo, los elementos que conforman estos autores clásicos, con estas pequeñas obras maestras, sentaron las bases de lo que hoy constituye el género de terror, misterio o intriga. Desde la poesía gótica de Poe hasta Maupassant, pasando por Chesterton o Agatha Christie, esta literatura remite a tiempos remotos, no tan lejanos en el tiempo aunque sí en la concepción social. 
    El miedo es universal. Disfrutamos de él cuando sabemos que no nos va a afectar directamente, pero podemos transigirlo hacia los personajes, que lo viven en primera persona por nosotros. Esta especie de catarsis colectiva tiene una simbología, unos diálogos y unos perfiles humanos muy concretos. Se nos hace creer que estos sucesos podrían ocurrir en cualquier casa, en cualquier ciudad, a cualquier persona, aunque el autor trampea la realidad, de algún modo, para construir su propio relato y edificar sus propias emociones. De todos modos, es bien sabido que la crueldad no tiene nombre propio, ni cama donde dormir, circunstancia que nos hace partícipes de estas historias en primera persona.
    Es una delicia, a pesar de lo mal que han envejecido algunas de estas historias, imbuirse del lenguaje de la época, de las características sociales, de las relaciones, de los códigos de conducta y los protocolos adquiridos. Todo parece lejano, es verdad, pero, en ocasiones, advertimos que, salvando las distancias históricas, podemos extrapolar lo leído a nuestro propio mundo. Eso hace que este tipo de relatos se nos vayan convirtiendo, con el paso de las páginas, en algo familiar.
    Todo buen lector habría de constituir su fundamento personal, sus conocimientos de base, sobre este tipo de lecturas imborrables que, con el paso de los años, así como el buen vino, adquieren un sabor especial, un valor inconfundible. Y esta selección, que animo a que vosotros la busquéis en vuestros lugares de residencia, es una de esas colecciones deliciosas que, por poco precio, se pueden disfrutar para toda la vida. 
Un abrazo.


viernes, 28 de julio de 2023

LUGARES NO RECOMENDABLES

 



Lugares no recomendables
James Fenton

    Di con este libro por casualidad en la tienda de segunda mano de Almería. Me gustó el título y la sinopsis tan sugerente, que apenas ojeé por encima, y me lo llevé. Me he entregado a su lectura durante los últimos cuatros días y el resultado ha sido muy bueno. He de decir que no suelo leer crónicas periodísticas, ni libros de viajes, aunque estos últimos me suelen gustar bastante. En este caso, se aglutinan los dos estilos y una pátina histórica que le da al libro un punto interesante.
    James Fenton vivió los años convulsos de Vietnam, Camboya, Filipinas o Corea, entre otros. Me refiero a los años finales del siglo XX, por supuesto, ya que la convulsión en algunos de esos lugares continúa y no tiene visos de mejorar. Las pequeñas anécdotas que trufan la narración cobran consistencia en el global del relato, ya que convierten unas memorias de trabajo en una fotografía en movimiento de un lugar en plena efervescencia. Como otros relatos de este tipo, observamos las miserias del ser humano, pero también las pequeñas grandezas que lo ennoblecen. Vislumbramos el horror, la desgracia ajena, la podredumbre moral, la muerte y, cómo no, la vida que se abre paso a empujones. 
    Todo es caótico, dinámico y destructivo. En medio del desorden, los personajes reales se solazan de diferentes formas y alcanzan a sonreír en ocasiones. Pero, en suma, es la crónica de la lucha por la vida en aquellas partes del planeta donde el contexto se ha vuelto infernal. El descontrol, la avaricia desmedida, la ceguera y la destrucción campan a sus anchas. Fenton no pierde ocasión de leer un buen libro, tener una buena conversación o vigilar lo que pasa a su alrededor, participando activamente en los hechos. 
    Este tipo de narraciones, desde la primera persona de un narrador-testigo, se convierte en una historia trepidante de malos sueños. Cualquier cosa que podamos imaginar se encuentra allí donde la realidad se hace presente en toda su crudeza.
    El estilo es sencillo, periodístico, informativo a veces, pero en él se vislumbra al sujeto que retiene en su memoria lo que ve. Es un relato agobiante pero al que el lector se acaba acostumbrando, como si nuestras botas se fuesen llenando de barro, página a página. Muy interesante.
Un abrazo.


martes, 25 de julio de 2023

EL PASADO SIMPLE

 


El pasado simple
Dris Chraibi


        Busqué esta obra encarecidamente, gracias a la recomendación de uno de nuestros alumnos de ATAL. Para quien no lo sepa, este tipo de alumnos reciben un programa de inmersión lingüística, y algunos ni siquiera saben decir "hola" en español. Sin embargo, el protagonista del que hablamos es un chico que ya se comunica abiertamente en nuestra lengua y que, en una exposición de su clase, utilizó esta obra como ejemplo de literatura marroquí.
        Reconozco que me pareció, desde el primer momento, una propuesta interesante. Seguramente porque no he leído casi nada de nuestro país vecino y necesito ampliar mis horizontes de conocimiento literario. También porque el legado de Chraibi en su país es seguido y estudiado, algo que me despierta cierta curiosidad, sobre todo teniendo en cuenta que su lenguaje es crítico y ácido. Esta obra incide abiertamente en las contradicciones del mundo islámico: su forma de perfilar la sociedad, el papel que concede a la mujer, el horizonte de futuro de la juventud islámica. Todo eso se aglutina en la figura de un joven contestatario, que rechaza las grandes líneas de su cultura materna y que invita a la reflexión. 
        Chraibi, que era científico de profesión y lo abandonó todo por una idea esperanzadora de la literatura, tal vez como un medio de salvación de sí mismo y del mundo, utiliza una forma de expresión directa, atenazadora, que provoca un cierto rechazo, inicialmente, pero que puede llegar a ser reveladora. Los paisajes humanos de esta novela, si es que pudiera llamarse así, constituyen una acuarela luminosa y realista, a pesar de los subterfugios culturalistas que usa. No se trata tanto de conocer el mundo islámico, sino de confrontar todo lo negativo que conlleva. Pero, no nos engañemos, Chraibi arrastra con él la hipocresía occidental, su fragilidad, la mentira de sus postulados liberales, su falsa creencia en la libertad del individuo, que está maquillada por otras ideas superiores que lo encarcelan. Este autor no puede disociar su educación occidental, su alta cultura tal y como la conocemos, de su origen marroquí, africano, musulmán, aspectos todos estos con los que convive en absoluta armonía. Una armonía que no supone una aceptación sino un cuestionamiento constante. 
        Dris Chraibi, como los buenos escritores, desnuda sus prejuicios a la luz de un sentimiento superior: el de su anhelo de libertad, de expresión, de vida. Hay una especie de tentación del abandono en sus palabras, en el perfil de ese joven que nos describe, de sus actitudes y sus fanfarronerías. Enfrentándose al mundo de sus padres cumple con la promesa del hijo, el mayor enemigo del padre y al que debe enterrar, de algún modo. Supone un ejercicio de liberación, pero también de respeto por sus propios cánones filiales, a los que considera desde una perspectiva crítica, lo que no significa una destrucción de sus fundamentos sino una transformación. Dicha transformación solo puede traer aparejada, en ocasiones, una desaparición de formas y modos, pero también puede significar una perspectiva más amplia, una readaptación de los sentimientos, de la fe misma. 
        Me ha parecido una lectura interesante y arriesgada. Es un soplo de aire fresco, muy fresco, que ayuda a comprender ciertas cosas y que me aproxima al mundo de alcanfor de todos esos marroquíes que, más flexibles o menos, traen a sus hijos a mi aula para que los eduque.
Un abrazo.



domingo, 21 de mayo de 2023

LOS TEMPLARIOS

 



Los Templarios
Jesús Mestre Godes


        La historia de los Templarios está cargada de misterio y leyenda. Hay varios factores que favorecen esta cuestión: por un lado, la distancia que nos separa de su realidad, ya que los años van sedimentando las razones y dando lugar, a veces, a vaguedades e imprecisiones que no por atractivas son más ciertas; por otro lado, la propia idiosincrasia de esta orden religioso-militar es significativamente ambigua. Los Templarios se movieron en las más altas esferas de los estados, conspiraron junto a grandes líderes y atesoraron inmensas riquezas, lo que les valió influencia y poder pero, también, numerosos enemigos. Abanderaron la cristianización y la recuperación de las tierras santas, de manos de los infieles musulmanes, entre otros, y navegaron por el ancho mundo conocido (y se piensa que también por el desconocido) para dejar una huella indeleble de su paso.
        Los Templarios se prestan, como vemos, a todo tipo de historias fantasiosas y ficticias que, con una pátina de realidad, siempre han interesado al gran público. Y es verdad que no todo está dicho con respecto a la orden, pero hemos de reconocer que existe un trabajo riguroso y apropiado que explica, detalladamente, los pormenores del nacimiento y desaparición de este grupo de soldados y estadistas. Jesús Mestre ha afrontado la labor de escribir un libro sobre los Templarios que no es un libro más. En mi opinión, se trata de una visión fuertemente objetivada por el método científico histórico y refrendada por los conocimientos que se tienen de la materia. En ningún momento, se nos ofrece una visión sesgada o específica, sino que se trata de ahondar en el contexto global, circundando todos aquellos acontecimientos simultáneos que explican la razón de ser del hecho histórico estudiado. Mestre Godes es un maestro componiendo los puzles y nos ofrece, lentamente, un conjunto de elementos que, bien hilados, explican y dan lógica a los supuestos misterios de este grupo humano. 
        Se hace eco, al final, también de las muchas especulaciones que corren alrededor de esta historia, intentando darle la mayor o menor credibilidad que puedan tener. En eso se comporta como un historiador honesto y generoso, que no desprecia, a primera vista, cualquier opinión que se salga de la norma o que resulte extravagante. Simplemente, la expone para que el lector saque sus propias conclusiones.
        Hace tiempo que ya leí este volumen, y lo he recuperado porque guardaba un buen recuerdo de su lectura. Aconsejo, de vez en cuando, algún ejemplar de historia como este, academicista y seria, que ayuda a la comprensión de nuestro mundo y que, además, nos ofrece un sustento intelectual de primer orden. 
Un abrazo. 

domingo, 7 de mayo de 2023

RECUERDOS, SUEÑOS, PENSAMIENTOS

 


Recuerdos, sueños, pensamientos.
Carl Gustav Jung

    Leer este tipo de biografías nos acerca a mundos muy particulares del intelecto. Leí, hace mucho tiempo, algún libro fundamental de este autor, heredero de las ideas de Freud pero antagonista en lo que respecta a la evolución de las mismas. La historia de este pensador e investigador de la mente humana nos dice muchas cosas aprovechables: no solo nos interesa por la parte personal y la vivencia del protagonista, sino que, también, nos ayuda a entender cómo avanza el progreso humano y cómo la observación de los comportamientos, de los sistemas de estudio y del contexto llevan a lugares en los que los sujetos no se han hallado anteriormente. 
    Siempre que cruzamos la meta de algún espacio, sus límites, solemos reconocer aspectos concretos, objetos discretos o situaciones particulares. Sin embargo, el marco de un nuevo espacio se nos antoja incognoscible, ajeno y, a veces, hostil. Esto es normal y hasta lógico, y depende de nuestro mecanismo de supervivencia. Al explicar este tipo de aspectos a mis alumnos, me miran con cara de horror, en ocasiones la perplejidad es manifiesta. "Debes aprender y construir un criterio a partir de la destrucción o del cuestionamiento de lo que te enseñamos aquí", les digo a los mayores, que me miran con ojos vueltos, como si el profe de lengua y literatura se hubiera vuelto loco. Luego les detallo lo que esto significa y cómo afecta al progreso de la raza humana. Sin hacerse preguntas, sin cuestionar lo que dicen los libros, es imposible que el hombre avance. Esto no significa negar lo que hemos construido tras millones de años de formación, desarrollo físico y mental y supervivencia, pero la construcción de la cultura no es un seguidismo de los chamanes, sino un filosofar constante y permanente, en una dirección positiva. 
    Jung rompió con Freud, al que respetó siempre pero al que, intelectualmente, halló limitado, en un momento de su vida que coincidía con la posición crítica que, precisamente, adoptaba frente a su maestro. Sin duda, es una buena lección de vida y de sustancia, esta historia personal.
    Por eso, recomiendo su lectura, que tiene una narración muy ligera y apasionante, porque se trata de una autobiografía remodelada, en partes, y por eso creo que la lección que aporta es interesante y constructiva. Una de esas lecturas que relaja de la monotonía y aporta entreteniendo. Horacio habría estado de acuerdo conmigo.
Un abrazo. 

sábado, 25 de marzo de 2023

DESPUÉS DEL BANQUETE

 


Después del banquete
Yukio Mishima

    Leer a Mishima es como volver a casa. En este caso, con más razón, porque en el universo de las relaciones humanas que el escritor japonés construye, esta novela supone un punto y aparte, en mi opinión. Y no es porque contenga elementos muy distintos de los que jalonan su producción literaria, sino porque el papel del hombre y de la mujer, más allá de los estereotipos sexuales, aparecen vinculados a deseos y razones que no se enmascaran.
    La política es un elemento decisivo en la pareja que protagoniza esta historia, puesto que supone la llegada, el culmen, y el punto de inflexión. Políticos como Naguchi que, zarandeados por los que manejan el oficio, se olvidan de que, ante todo, son individuos con una historia personal, con una dependencia emocional, con sueños cotidianos por cumplir. Lo que Mishima parece querer decirnos, al final, es que, entre otras cosas, la política devora a las personas para hacer flotar al personaje. Esta realidad, incontestable cuando se trata del mundo occidental, despierta curiosidad en el lector al conectarla con la tradición social japonesa. No extraña, sin embargo, que Kazu, la mujer, dirija y active sus pasos hacia la consecución de los objetivos de su nuevo marido, como si ella fuese responsable, de algún modo, de la campaña electoral.
    Es curiosa esta visión de Mishima sobre la mujer del político. Una visión que entronca con las historias reales de otras "primeras damas" de personajes conocidos. Nos recuerda, de todos modos, que bregar al lado de tipos como este puede ser el principio de una serie de desgracias personales. El matrimonio, percibido como un modelo por encima de todo, acaba respondiendo a las necesidades del mismo, que no son personales sino sociales. Esto conlleva la anulación de la persona, en sí, y la reafirmación del individuo como un papel, un rol despersonalizado.
    Por supuesto, el fracaso de esta unión, y del negocio que fue su origen, no es una tragedia literaria destacable. Lo que Mishima convierte en una verdadera tragedia es la negación del amor que dos personas sienten, impulsada al vacío por elementos externos que no deberían, sobre el papel, influir tan decisivamente en sentimientos privados.
    Una vez más, este gran autor, del que me siento deudor como lector agradecido, da otra vuelta de tuerca al lienzo de lo que llamamos amor, como un resorte inacabable de la vida misma.
Un abrazo.

martes, 14 de marzo de 2023

LA MUJER SIN NOMBRE

 



La mujer sin nombre
Vanessa Monfort


        Lamentablemente, tengo que incluir este volumen en la categoría de "Desastres" de mi blog. Y no porque la autora me parezca más mediática que sustancial, que también, sino porque el tema a tratar: la vida de María de la O Lejárraga, es un tema muy interesante y una excelente elección para una novela de ficción. Por eso, me lamento de que el resultado final no corresponda a mis expectativas creadas. Esta es la segunda novela que me recomendó mi hermana Esmeralda y que he leído (cosa rara) hasta el final. Seguramente, porque la trama me llamaba la atención y porque tenía el pálpito de que me iba a divertir con su lectura.

    Tengo que reconocer que, de una forma u otra, este volumen, que es extenso de por sí, contiene elementos más que suficientes para que la obra pueda ser recomendada. De hecho, ayuda, en buena medida, a que esta autora sea conocida y, por ende, a que el "engaño" de su anonimato salga a la luz. Esta historia real, la de una autora de enorme talento escondida en el nombre de su marido, el conocidísimo Gregorio Martínez Sierra, es una historia de machismo muy clásica pero, a la vez, muy llamativa. Sobre todo si tenemos en cuenta que la verdadera escritora pasó sin pena ni gloria para el gran público y que su marido, egregio nombre en los libros de historia de la literatura española, no escribió apenas nada destacable. 

    De esta manera, hay elementos que sirven para que las nuevas generaciones se aproximen a la lectura de esta novela, con la cual la historia les será más fácil de digerir y más divertida de interpretar. No obstante, Vanessa Monfort se ha quedado en la superficie del cuadro. Apenas ha pintado nada interesante que no viniese en una investigación del "caso". Apenas ha razonado la problemática que podría surgir de esta situación anómala. Se trata de una adaptación, casi hecho por hecho, de una cronología estudiada y conocida, bien informada, pero fría y distante. Si tuviésemos los informes objetivos de los acontecimientos que se narran, punto por punto, alguien con una cierta habilidad literaria podría haber escrito algo similar. Y eso es lo que no perdono a la autora: que no haya sido capaz de transmitir lo que este caso promete. 

    También es verdad que resulta muy difícil traspasar los hechos mismos, que son muy llamativos y atrayentes, para crear una obra de arte. Pero ese es el papel que se le exige a un escritor, sobre todo si trata este tipo de temas desde el punto de vista de la ficción. Creo, sinceramente, que esta novela es un ejercicio fallido y, a pesar de ello, lo recomendaría para aquellas generaciones que se están acercando al mundo de la literatura y, en consecuencia, quieren descubrir el verdadero papel de las mujeres en la historia, escondidas por mor de prejuicios, falsas moralidades y miedos atávicos a lo diferente.

    En este sentido, la novela merece la pena. Pero quien quiera algo más intenso, este no es el lugar.

Un abrazo.

domingo, 29 de enero de 2023

EL ABUELO QUE SALTÓ POR LA VENTANA Y SE LARGÓ

 



El abuelo que saltó por la ventana y se largó
Jonas Jonasson


        No suelo leer lo que me recomienda mi hermana Esmeralda, que tiene unos gustos muy dispares a los míos. Pero reconozco que este libro, de portada inclasificable y tufo a best-seller, me ha sorprendido gratamente. Tal vez porque no me esperaba la cantidad de innombrables situaciones cómicas que provoca. O puede ser por el lenguaje dinámico, flexible y rápido con que los personajes van enlazando pensamientos y acciones. La trama llega a ser un pastiche de Forrest Gump en muchos aspectos, recordando a aquel en los diferentes saltos dramáticos a los que se enfrenta. A pesar de ello, la gracia con que el autor construye la loca peripecia vital del protagonista resta enteros a un posible rechazo.
        Es una novela para pasar el rato, por supuesto, y en esto hay pocas que le ganen. Sucede de todo y en abundancia aunque, a mi modo de ver, llega al extremo de su propia caricatura. Los excesos, en estos casos, son inevitables. Es el precio a pagar para conseguir un resultado atractivo.
        Este tipo de obras no se leen dos veces; a la segunda, perdería su chispa, está claro, pero ¿a quién le importa? No hay nada que desentrañar, solo es un trago largo e intenso, un sabor oxigenante, una noche de sábado. Cumple su función a la perfección, sin restarle méritos literarios a lo que se lee, pero no pretende ir más allá, y eso se agradece.
        Recomiendo su lectura por su efecto terapéutico y desinfectante. Como un buen analgésico.
Un abrazo. 

miércoles, 18 de enero de 2023

LOS VERSOS SATÁNICOS

 



Los versos satánicos
Salman Rushdie


    Después de 4 meses y pico sin escribir nada en este diario, por culpa de unas reformas y de la posterior mudanza, vuelvo a la rutina con ese libro que me permitía escapar de la dura realidad de las chapuzas, los descuidos, el estrés. Lo compré de segunda mano en la tienda de disco-libro de Almería, la de toda la vida, a sabiendas de lo que significaba este autor, pues ya había tenido la ocasión de dialogar con él con un ejemplar que, si no recuerdo mal, está reseñado en estas páginas.
    Sin duda, se trata de uno de esos escritores que sería fácil denominar como "fabulistas", puesto que utilizan todo tipo de elementos de las culturas exóticas orientales con el fin de atrapar al lector en el maremágnum de los sentimientos humanos. Coincidió la lectura de este ejemplar con el atentado que sufrió Rushdie en Nueva York, y que casi le cuesta la vida. Cosas de la fortuna. Sin embargo, el terrorista no se salió con la suya y, a día de hoy, el autor ha recuperado el habla. 
    Las secuelas que este libro dejó en su existencia no fueron pocas: desde la persecución hasta el estilo de vida de un amenazado, los improperios, todo lo que significa estar en el ojo del huracán del fundamentalismo. Cuando lees las páginas de este cuento, o así lo denominaría yo, no te parece, de ninguna manera, que haya motivo para enfadarse tanto o para sentirse ofendido, en lo que a la razón religiosa o filosófica se refiera. Tal vez, en la mente de todos está el inconfundible hecho de que para odiar no hace falta, en realidad, una motivación especial. Y, en este caso, basta con que se nombren a personajes del Corán, o se satiricen algunas situaciones que los más recalcitrantes considerarán como un ataque a la fe que profesan.
    Estupideces aparte, Los versos satánicos bucean en el sentimentalismo de las Mil y una noches desde el punto de vista de un narrador irónico, burlesco y superlativo. La muerte y el amor, como un enlace de dos caras de la moneda, como ocurre en buena parte de la buena literatura, une los sueños, las imágenes y los símbolos de personajes que, más allá de personas ficticias, se presentan como verdaderos mitos terrenales, pegados al día a día y que, en cualquier momento, podemos cruzarnos por la calle.
    En esto hay poca diferencia con respecto al concepto de lo real maravilloso, que diría Carpentier, o realismo mágico, como acuñó el término de la crítica. Puesto que la fábula, la moral que esconde un cuento lleno de magia, de cosas y seres extraordinarios, vinculada a la realidad se transforma en una estampa de colores que amplía el espectro del blanco-gris-negro que nos rodea habitualmente. 
    Su forma de escribir, que recuerda a veces a Hermann Hesse o a Jorge Luis Borges, es la de un erudito que se entretiene con las palabras. Aunque, por supuesto, este juego trata de cosas muy serias.
    Por lo demás, es una obra divertida, compleja de leer, muy compleja, pero que atrapa al lector en los paisajes, los contextos y las formas. Mi recomendación es que no tratéis de entenderla por completo, porque no hace falta, sino que intentéis sentirla, que es aún más difícil, aunque más satisfactorio.
A disfrutarla.
Un abrazo. 

domingo, 28 de agosto de 2022

CLEA

 



Clea
El cuarteto de Alejandría IV
Lawrence Durrell

    Para finalizar esta obra en cuatro volúmenes, Durrell utiliza un personaje de referencia que, no siempre, aparece centralmente en el argumento. Se trata de un subterfugio de la memoria, una vez más, y no de una excusa para crear una trama novelística, como en el caso del volumen anterior. Se percibe el deseo del autor de cerrar el ciclo, de atar cabos y de dar explicaciones que, no siempre, son la coda de nada, sino que dejan un poso de vacío, un sinfín de preguntas.
    Este grupo de amigos, especial y con vidas nada convencionales, se han arrastrado hasta el fondo de sus sentimientos, involucrando a los demás y creando un universo de relaciones y conexiones que les definen. En la vida misma las cosas, en ocasiones, son así. Bien es verdad que, en la actualidad, el concepto más desarrollado de la individualidad humana, sobre todo en las zonas urbanas de países ricos, impide que los sujetos abran sus sentimientos a los demás, o que se abandonen a los mismos. La necesidad obliga. Sin embargo, este tipo de historias acrecienta nuestra sed de honestidad y nos motiva a creer que no siempre lo correcto o lo necesario responde a esos adjetivos.
    Si tuviera que resumir lo que ha supuesto la experiencia de leer esta obra maestra (puede ser llamada así, no me cabe duda), yo diría que me ha parecido un ejercicio de sinceridad emocional, una búsqueda de lo remoto más cercano, una huida hacia dentro y una manera de reconocimiento del otro, del que siempre anhelamos para evitar la soledad. La construcción de la vida, en sí misma, de cada individuo es lo que realmente merece la pena. Es imposible que no nos abstraigamos de lo importante, centralizándolo en el objetivo final, que a veces no es sino un guion, una señal. Porque lo que de verdad importa es el conjunto de las vivencias que, para bien o para mal, van levantando el edificio de la memoria.
    Los personajes de El cuarteto de Alejandría viven, en su amplio sentido, sin más trabas que las que ellos mismos se imponen: bien por límites sociales, bien por personales o miedos de todo tipo. Pero, a lo largo del tiempo transcurrido, y con la importancia que el contexto supone, sobre todo en esta obra, descubren que tienen muchas cosas en común y que, a pesar de todo, subyace una emoción en todo el recuerdo de las vivencias, de los anhelos, de los peligros y los amores.
    La memoria y la superación de los grandes obstáculos de la personalidad, modelados por la sociedad, la historia, la educación y la supervivencia, son temas perennes en la literatura universal. Eso no obsta para que Durrell los haya manejado con una habilidad insuperable, con un lenguaje que innova sin descubrir nada, puesto que se adentra, con honestidad, más allá de lo literario, enfundando las palabras de la experiencia, desnudando el alma de los tipos que dibuja. Incluso en los subterfugios, en las huidas, en las máscaras, hay un ser que sueña, que se obnubila con lo que ve, que ama, que muere.
    Es verdad que yo cogí esta obra con ganas, y que la he consumido sin perder un ápice de la motivación de la primera página, pero también es verdad que su longitud y complejidad podrían, en algunos casos, repeler o retrasar su lectura, dependiendo del lector y sus necesidades. En todo caso, es un lugar común al que siempre se puede, y se debe, volver, como a Alejandría.
Un abrazo. 


martes, 23 de agosto de 2022

MOUNTOLIVE

 



Mountolive
El cuarteto de Alejandría III
Lawrence Durrell


    De esta tetralogía, que en realidad no es sino una novela en cuatro apartados, esta sería la sección más dinámica, por dos razones: una trama muy concreta en la que se enredan los protagonistas, y que le da una sustancia novelística muy interesante, y un aligeramiento de los diálogos y las reflexiones, que permiten que el lector avance con más velocidad. Es perfectamente entendible que en el perspectivismo de Durrell se vislumbren diferentes estilos narrativos que, por supuesto, encajan a la perfección con la tipología de los personajes que protagonizan cada una de las partes.
    Además, el protagonista, David Mountolive, tiene unas características que lo hacen diferente a los individuos de las dos primeras secciones: por el mundo en el que se mueve y por la historia de amor tan particular que vive. 
    El hecho de que la historia de amor de Mountolive relacione a diferentes sujetos de la esfera de este universo, da pie a que, en la siguiente parte (Clea), como ya veremos, sea utilizada como referencia de los miembros del grupo. En mi opinión, esta parte puede sobrevivir sin las dos anteriores pero es muy importante para enlazar con la siguiente, de la que hablaremos próximamente. 
    Durrell avanza con mayor rapidez en esta sección del ciclo completo, con la intención de desembocar en un final, más o menos, acusado. No se trata, por lo tanto, de que cada parte sea independiente, aunque relacionada con las demás, sino de que las dos primeras marquen el terreno por el que circulará la reflexión final de la última, incluyendo a esta tercera como un instrumento de aceleración de los acontecimientos, de introducción de acciones de intensidad narrativa y creando el marco histórico y novelístico necesario para encuadrar la época histórica y el lugar. Recordemos que Alejandría durante la guerra mundial es un recurso escenográfico y temporal de gran calado, puesto que construye el elemento memorístico clave para entender los recuerdos de los individuos, el espacio en el que estos se producen y el condicionamiento que la ciudad, y sus costumbres, determinan sobre el decurso natural de los sujetos y acontecimientos.
    Leyendo Mountolive todo me lleva a pensar en un plan predispuesto desde el principio. Difícilmente Durrell habría dado con la clave de esta tercera parte sin haber pensado en la siguiente, sin haber entendido cómo los mundos que se cruzan, y que cada personaje vive como suyos, son vasos comunicantes que interconectan sentimientos, emociones, miedos y dudas que representan, por sí mismos, una época, un contraste de civilizaciones y una búsqueda existencial.
    Como el resto de la serie, y como veremos después en Clea, Durrell nos transporta a las esencias más centralizadas de la vulnerabilidad, bajo el estigma de amores incompletos. El retrato de los personajes y el tratamiento de los recuerdos, el espacio y el tiempo son magistrales, sin duda.
    Una delicia para los sentidos. 
Un abrazo. 

lunes, 22 de agosto de 2022

LOS HERMANOS KARAMAZOV

 



Los hermanos Karamazov
Fiodor Dostoyevski


    Uno de mis escritores preferidos y, como ocurre en otros casos, esto no es nada original. Dostoyevski (tampoco es algo raro en los autores de más prestigio) acude a sus neurosis preferidas para desarrollar una historia pasional, cargada de odios, mentiras, medias verdades y de una intensidad agotadora. Como muchos escritores del siglo XIX, este novelista pasa por envejecer mal con algunos de sus recursos literarios, pero eso no daña en absoluto su grandeza y su manera de transmitirnos la verdad del ser humano.
    Esta es una de esas novelas que contienen pasajes de alto voltaje memorables, conversaciones muy interesantes y que aborda temas de gran calado. Aparte de esto, los personajes son de una enormidad pocas veces conseguida. La manera que tienen de dirigirse los unos a los otros resulta extraña, muchas veces, por los giros con los que abordan sus propias cuitas. En otras, la sinceridad desborda la tragedia. Y, por supuesto, está el tema de la violencia, la culpa. Es muy kafkiano eso de desintegrar la sólida, y simplista, diferencia entre el bien y el mal, colocando al individuo en los límites de su propia conciencia. Para Dostoyevski, como en su Crimen y castigo, o en el Proceso, de Franz Kafka, o en La condición humana, de André Malraux el sujeto no actúa movido por instintos básicos que lo colocan frente al orden social, sino que aborda las situaciones límite desde la defensa de sus propios sentimientos humanos, que no toleran, o no siempre aceptan, las reglas del juego. Un condenado, aparentemente culpable, puede estar dando respuesta con sus acciones a un dolor previo, a un abandono, a una injusticia que la sociedad debería colocar, también, en los márgenes de la culpabilidad y la consiguiente penalización. Pero cuando en la trazabilidad de un proceso violento, o de una disfunción social, unos hechos no cuentan y otros, sí, es cuando el desequilibrio da lugar a la irracionalidad. Dicho sea de paso, Dostoyevski entiende el camino de la irracionalidad como un camino de humanidad, que ha de encauzarse correctamente en los vericuetos de una comprensión más amplia y flexible.
    No es una novela, por tanto, de buenos y malos sino un intento de aproximación, como toda su obra, a la conciencia, a la culpa y la explicación del abandono, la soledad y la consiguiente violencia y extremismo que surgen de ellas. 
  En cuanto a lo literario, meramente, su forma de novelar es sólida, de fuertes nexos, de consideraciones amplias y de espacios cerrados que crean atmósferas difícilmente asimilables. Y todo ello coloca al lector en la perspectiva de la escucha, de la empatía, de la disolución de las ideas preconcebidas. Porque todo en los sujetos de sus historias nos lleva al camino de la disensión, del apartamiento de las estructuras lógicas o normativas. Y esto no significa que Dostoyevski esté en contra del orden y de la sociedad en sí, sino de todo lo que conlleva la destrucción del individuo por el mero hecho de pertenecer a ese orden. O, también, por la posibilidad de que el hombre transforme a la sociedad sin destruirla, sino adecentando sus formas y sus soluciones. Algo que nos recuerda a Nazarín o Misericordia, de Galdós.
   En todo caso, aun siendo una lectura muy extensa y plomiza, en ocasiones, es absolutamente recomendable, sobre todo si ya has tanteado libros como El idiota o El jugador.
Un abrazo. 

jueves, 4 de agosto de 2022

POESÍA COMPLETA

 



Poesía completa
Walt Whitman


    La obra de Walt Whitman fue evidentemente más valorada tras su muerte, cuando con la perspectiva adecuada se pudo vislumbrar la completitud que su panorama político, nacional y personal ofrecía. Whitman es un cantor libre, no libérrimo como algunos han querido ver, pero sí que hace alarde de un tipo de hedonismo muy particular. Su propia biografía nos aporta datos interesantes para conocer su personalidad, el prisma de su mirada y su forma de intervenir en los asuntos públicos e individuales que se destilan de su poesía.
    Para mí es un vate de la naturaleza, del todo, universal, que abarca el sentimiento profundo e íntimo que todo ser experimenta con respecto al entorno, al mundo, los seres. La contemplación de las cosas que se mueven, de los materiales que se usan, del aire, el mar, la inmensidad del espacio es algo perenne en su poesía y es un escenario que subyuga, que nos reconforta y place.
    Por otra parte, hay en él una admiración hacia el esfuerzo cotidiano, lo vulgar, mediocre o cercano. Sus perfiles más destacados son los del individuo anónimo, que sobrevive y que disfruta de los placeres pequeños, que observa la vida y se congratula en el fluir de su sangre, en el sudor de su esfuerzo, que construye cosas, que interacciona con la existencia misma. Esto supone una exaltación del hombre por encima de los medios sociales, de las estructuras económicas, de los cargos políticos o las leyes. Es evidente, que Whitman se acerca a la visión anarquista y que su ideología proporciona un encuadre perfecto para este tipo de posiciones, pero tampoco es menos cierto que podría, perfectamente, leerse su poesía sin etiquetarla políticamente, encontrando que esa admiración profunda por la libertad es un eco de otros bardos, de otros tiempos.
    Por tanto, hay aspectos de esta poesía que enamoran: la visión del hombre libre, de la naturaleza en todo su esplendor, de la vida y el universo en su amplitud. Y, también, la condición de un país que emerge como gran potencia, de unas tierras y unas gentes que construyen un sueño colectivo y de un tiempo que está en constante movimiento, donde suceden hechos que marcan el devenir de las gentes.
    Leer a Whitman tiene muchos componentes interesantes y, sobre todo, es una forma de advertir, a través de una prosa poética casi narrativa, la necesidad de un sujeto de enfrentar los retos de su tiempo y de hacerlo con su mejor arma: la palabra.
    No se percibe ninguna necesidad imperiosa en él, ni siquiera en sus sueños voceados, sino un laminar de lo que el contexto le ofrece, una fenomenología de la historia y un enamoramiento de lo singular, de lo común o cotidiano que nos abarca. Whitman es un predicador del yo, cuya religión está en la tierra, en el mar, en los árboles, en la mujer.
    En las tardes templadas del pirineo aragonés, este verano, la lectura de estos poemas, mientras escuchaba a Cala ladrar bajo los manzanos, fue como una señal de estío: pausada y plomiza, relajante y pasajera.
Un abrazo. 

jueves, 14 de julio de 2022

NOCHE DE REYES

 



Noche de reyes
William Shakespeare


    Ser un gran amante del teatro ayuda a comprender cómo los autores, en diferentes estilos y géneros, componen a sus personajes, cómo los encajan en las diferentes situaciones y cómo engranan las escenas para dar explicación y continuidad a las historias. Como lectores deberíamos saber identificar mecanismos como estos, que sirven para que el autor conecte con el público directamente y, por supuesto, transmita su mensaje. Llegar al lector, o al espectador, es fundamental no tanto para ser entendido sino para crear una emoción, una intensidad creativa, para crear arte.
    Shakespeare contiene en su obra completa prácticamente todas las emociones que un ser humano puede sentir. Independientemente de si sus obras fueron escritas por Christopher Marlowe, en realidad, o no, es evidente que son geniales manifestaciones del teatro y la literatura, en general, y que llegan a nosotros de manera universal, por los mismos cauces que, hace siglos, llegaban a sus congéneres. Y esto es lo realmente crucial.
    Dentro de su amplio catálogo, esta no es una de las obras más conocidas y, por tanto, podría ser considerada, erróneamente, como una obra menor. A veces ocurre con las comedias de enredo o divertimento. Pero nada más lejos de la realidad, si es que somos capaces de detenernos a analizar algunas de las cosas que son mostradas en su desarrollo. Igual que en Lope de Vega, otro de los grandes en este estilo, Shakespeare busca con el divertimento, con la risa, con el enredo, explicar las vulnerabilidades del individuo cuando se enamora, las dificultades sociales que genera, según la época, y las consecuencias que tiene, así como los convencionalismos de que se ve rodeado, según la cultura, el tiempo y la sociedad en la que se produce. La risa es un buen condimento para la filosofía, sin duda, también para el arte. Y así lo manifiesta este texto, que no deja títere con cabeza, en lo que se refiere a los tipos juzgados, puestos en solfa: desde el borracho, el vago, el atrevido, el melancólico, la soñadora o la que está de vuelta de todo. 
    El ambiente de la corte, o de las grandes casas, como en El perro del hortelano, de Lope, provee de los recursos culturales adecuados para sentir que ciertos personajes traspasan los límites. Aunque, al final, no llegan a transgredirse del todo o, simplemente, se extralimitan para luego regresar al redil. Es como si estos autores quisieran mostrarnos un camino, ofrecernos una alternativa, y nos dejaran, después, decidir según nuestro atrevimiento.
    Así que leer a Shakespeare en cualquiera de sus formas es un bálsamo estupendo, una maravilla para el alma, un golpe a nuestra imaginación. Y aunque leer teatro siempre supone una pérdida del elemento escénico, y por tanto es como una cierta amputación del hecho creativo completo, podemos percibir la esencia de lo que llegará a las tablas. Es siempre una experiencia enriquecedora y divertida, a partes iguales, y nos transporta al mundo en el que los sentimientos se cubrían de bellas palabras.
    Para un lector experimentado es como regresar a la infancia.
Un abrazo. 

sábado, 2 de julio de 2022

BENITO CERENO

 




Benito Cereno
Herman Melville


    Este es un relato aparentemente muy conocido del escritor norteamericano, pero yo no sabía de él. Reconozco que no me lo pensé mucho cuando lo vi en la librería, ya que Melville, ya lo sabéis, es uno de mis escritores favoritos. Y todo porque, aunque alguien pudiera pensar que es otra de las historias de la navegación, tan apasionantes pero tan parecidas, se trata de un estudio de personalidad muy interesante. Está basada en un hecho conocido y real, que está documentado, y del que Melville se sirvió para componer esta ficción. Se nota el excelente trabajo de documentación y, por supuesto, la mano incombustible de un narrador de esta talla. 
    Desde el principio, nos adentramos en el mundo que el autor conocía: el mundo entre las cuadernas de un barco, sobre los mares, en una constante búsqueda que tiene sentido porque no acaba nunca. La infinitud hace que los hombres refuercen aspectos de su personalidad que en tierra no serían visibles. Pero, aunque volvemos al mundo reconocible de sus grandes historias, hay algo en este relato diferente. Los estudios de personajes que Melville desarrolla, como en Bartleby que ya analizamos aquí, son muy agudos. Se acompaña de las reflexiones del otro personaje protagonista, el narrador, que va dando claves al lector. En ocasiones, esas claves sirven más para confundirse que para encontrar el camino adecuado.
    Hay un ambiente de sangre y traición en el buque donde todo se desarrolla. Se espera, por supuesto, lo peor pero no en el modo en que ocurre. El desconocimiento de los detalles va revelándose conforme avanza la historia, con mucho oficio. Es un escenario inquietante, fantasmal, donde los hombres se comportan de forma extraordinaria: o en silencio, o amenazantes o anhelantes de algo desconocido. 
    En cualquier caso, el argumento proporciona el ambiente propicio para que la tensa mirada de Melville desmenuce ese universo tan particular. Como en otras ocasiones, la técnica de este autor no pasa desapercibida, pero fluye honestamente entre las líneas, causando una honda emoción en el lector. A veces, la bondad de los elementos de la realidad que se usan en una novela no son sino un estorbo, una manera de distraer al escritor. Sin embargo, para Melville son un medio excelente para enriquecer la escenografía. Además, como sabemos, el autor traslada parte de sus vivencias al relato, haciéndolo aún más creíble.
    Es una historia de barcos, traiciones, navegación, sí, pero sobre todo es la historia de unos tipos que esconden intenciones, de supervivencia, una relativización sobre el alma humana. Podría estar ubicada en una cárcel, en una oficina de trabajo, en el vagón de un tren durante un largo viaje, en cualquier sitio. Esta es la grandeza de los escritores con mayúsculas: la universalidad. Se lee de un tirón.
Un abrazo. 

viernes, 1 de julio de 2022

EL CUARTETO DE ALEJANDRIA II. BALTHAZAR.

 



Balthazar.
El cuarteto de Alejandría II.


    Los episodios relatados en Justine, en el volumen 1 de esta serie ya comentado aquí, son retomados en esta segunda entrega desde un punto de vista externo. El perspectivismo es una de las razones de ser de este estilo narrativo y Durrell es un experimentador que juega a intercalar espacio y tiempo, con planos que, como hemos visto en otros novelistas de la modernidad, fragmentan sus conexiones habituales. También consigue el efecto de elaborar una construcción cargada de paralelismos, donde lo irracional encuentra su orden y su sentido.
    Ya hemos hablado de esto en el diario, y hemos compartido explicaciones sencillas sobre lo que significa perspectivismo como técnica literaria. Sin embargo, no hemos ahondado en el sentido "coral" que tiene este término. Porque, de una forma u otra y con toda lógica, las diferentes perspectivas se nutren de las intervenciones de personajes que, ya sea como testigos que se vuelven narradores o como narradores que son, de pronto, observados como fuente de la narración, participan en el entramado del texto. La condición de "textura", llamada así por J. M. Adam, es la que da forma y sustancia al texto como tal. Si los elementos de la narración, los llamados tradicionales (sea narrador, objeto, espacio, tiempo y sus partes: planteamiento, nudo, desenlace, etc.), se conjugan con una configuración distinta, es decir sin respetar las normas que le daban su nombre y significado, entonces la estructura de la narración se convierte en un fondo donde los elementos encajan intuitivamente. Esta "intuición" no es más que la elaboración mental del lenguaje: aquella que nos proporciona el fundamento de la comunicación. 
    Durrell nos descubre en este volumen el verdadero sentido y orientación de su tetralogía: la consolidación de un modelo de comunicación literario que destierra, de algún modo, la lógica racional de la estructura novelística: del realismo, del detallismo figurativo o representativo, la secuencia de los comportamientos o las funciones clásicas de los personajes basadas en modelos antropomorfos prefigurados. Así, Balthazar es una muestra de libertad artística y una búsqueda intensa de un lenguaje que se construye por sí mismo. De tal manera, hemos de olvidar lo que el volumen anterior nos contaba, para, en la corta memoria de acontecimientos aparentemente irrelevantes, pero en sí trascendentes para el orden del argumento, reubicar los valores humanos de los que cuentan su vida. 
        Hay un aspecto, además, que me resulta muy llamativo y que ya hemos visto en Robert Musil, Thomas Mann o Walser, curiosamente todos narradores de la órbita germana: la forma en que se incluyen en la cotidianidad algunos comportamientos que casi llamaríamos "patológicos". Es difícil discernir, en ocasiones, en estos tipos humanos la cordura de la libertad anárquica, o la impulsividad de la emoción intensa y sincera. Por tanto, el lector tiene que evaluar algunos actos, que directamente serían tachados por nosotros de insensatos o inexplicables, como formas convencionales de ser, en un contexto en el que lo convencional pierde su sentido. Así leímos, en su día, en Kerouac o en Miller, por ejemplo.
        Después de todo lo dicho, queda patente el valor artístico de esta obra y lo interesante que resulta, tras la lectura de Justine, puesto que nos aporta una visión completamente diferente de un universo único y muy particular. Los detalles en esta magna obra, además de pasar por la utilidad pecuniaria de una herramienta descriptiva, anclan la memoria de los objetos y los seres a una dimensión deformada. Sin embargo, esto no debe asustar al lector sino todo lo contrario, puesto que muchos descubriréis que es de esta manera cómo se puede hallar un vehículo de entendimiento de la historia. Basta con dejar a nuestra memoria la oportunidad de construir una geometría variable de los rostros, las emociones y los hechos. Ella, por sí sola, elaborará las conexiones oportunas e irá dándole forma.
Ya tenéis ejercicio para estas vacaciones. De nada.
Un abrazo.

MIENTRAS AGONIZO

  Mientras agonizo William Faulkner          Cada vez que encuentro una obra de Faulkner en cualquier tienda de segunda mano, mercadillo, o...